Bajar
   

                    El hombre en la era de la automanipulación
                   

                                                                                 Por Nancy Fernández

.

                                                  “No es culpa ni mérito nuestro que vivamos
                                                   en una época en que el apocalipsis del hombre
                                                   se ha vuelto un suceso cotidiano”

                                                                                               Peter Sloterdijk

.

.

        La elección de un epígrafe nunca es casual. En este caso, el

esquema general de la teología cristiana, con la organización de

una conciencia humana sobre la estructura de la culpa y el

sacrificio vuelve legible la figura casi alegórica del apocalipsis,

a la cual Sloterdijk encuadra en la noción del post-humanismo. Si

mediante la conjunción negativa (“ni”) manifiesta sobre todo la

distancia que implica la autobjetivación, no es omisión de un

escepticismo cínico la falta de condena o de aplauso ante el

acontecimiento lógico que hoy parece estar tomando el lugar de

ciertos clásicos hábitos morales.

Ante todo, Sloterdijk pone a las

claras que la religión, la metafísica y el humanismo, abandonan  el

mundo tradicional afectando nuestro tiempo sin las ilusiones de

buena voluntad que el lenguaje, como morada, le deparaba al Ser.

.

Pero también, y por ello mismo, lo que queda directamente

implicado en el estado actual de la cultura y de la historia, es

nuestra propia cotidianeidad. Son nuestras prácticas diarias,

nuestras fórmulas consuetudinarias, nuestros ritos y

convenciones, las que hoy vacilan. Se trata de la era de la

tecnología, de la biotecnología, de los códigos digitales en la

virtualidad plana del espacio cibernético, de los experimentos

génicos, donde el sentido familiar de la transmisión ingresa en un

orden de experiencias diferente. Por un lado la errancia, podríamos

decir la intemperie, y por otro la implicancia inherente de la

tecnología en lo humano, cuestión ya desarrollada por Heidegger

en su Carta sobre el humanismo. Sloterdijk replantea estas líneas

de pensamiento buscando el contexto de pertenencia con las

prácticas de la contemporaneidad. El apartamiento de la teleología,

el crecimiento del saber en torno a la capacidad técnica, hace

posible que el hombre se revele a sí mismo, des-encubriéndose

del potencial moderno de conocimientos acumulados por décadas.

Hoy se trata de revisar el curso del mundo anclado en el

iluminismo tecnológico; ahora el camino con meta dudosa (adonde

llego, para bien o para mal) se nos impone como extravío. En esta

línea, la lógica del tertium datur, la trivalencia, gracias a Gunther,

Deleuze y Derrida, entre otros, corrige las distorsiones de la

metafísica clásica basada en la ontología monovalente y la lógica

bivalente. De este modo, máquinas y artefactos, arte y

herramientas en tanto fenómenos culturales, son componentes

constitutivamente híbridos de materia y espíritu, naturaleza y

cultura. Aquí es cuando la cibernética y la biología modernas

reformulan las preguntas sobre organismos y sistemas, allí donde

el principio de información transita pensamientos y cosas como

tercer valor. La realidad de hoy impone las máquinas inteligentes

como colecciones de pensamientos y cosas; se trata de la

transferencia del principio de información a la esfera de la

naturaleza: hay artificios, hay genes. De cualquier manera, y ahora

citando al mismo Hegel en boca de Sloterdijk, creo que sigue

vigente una gran intuición del pensamiento europeo moderno, esto

es, la conexión que existe entre verdad y destino sin que implique

una vuelta al trascendentalismo de la eternidad. Por supuesto que

se trata de un profundo replanteo de relaciones que la persona

humana viene manteniendo consigo misma. Y no es descartable

que la “materia informada” pueda desempeñarse como inteligencia

planificada, capacidad dialógica, espontaneidad y libertad. Estos

conceptos del yo autodescubierto e implantado en su propio lugar

por elección de sí mismo y como acto individual, destituían la línea

parental de la ascendencia e implicaban el lugar abierto que ya

habíamos visto en Extrañamiento del mundo. Lugar abierto del que

nos había hablado Heidegger. Pero si esto suscita una promesa de

felicidad en tanto acto fundacional y propio del yo, tampoco se

excluye el estado de pavor que provoca el encuentro de sí en la

absoluta soledad de la intemperie.  Y en medio de esto, la verdad y

su destino siguen de continuo la senda de la errancia. Por ello, nos

vuelve a decir Sloterdijk, la ciudadela de la subjetividad comienza

realizar sus deconstrucciones simbólicas (nuevos sistemas

místicos, medicina psicotrópica, formas de entretenimiento y

comunicación). Sin embargo, allí donde parece sonar el estruendo

histérico del anti-humanismo, Sloterdijk corrige el lado negativo y

falso de la metafísica fundamental de los entes y marca la posición

real del hombre cuyo poder “reflexivo y constructivo no se

encuentra en una posición en la que pueda elegir entre ser-

completamente-cabe-sí y ser-completamente-fuera-de-sí”. Es, más

bien, una posibilidad de apertura y de concentración, allí donde el

poder y la verdad desarrollan los conceptos post (ni anti, ni pro)

metafísico de Logos y Poesía. Lo notable es que el pensar

desciende a la cercanía de lo inmediato y en esa aproximación se

manifiesta lo monstruoso. Y en este punto hay que detenerse.

Puestos en crisis los principios y valores de la modernidad, es

importante advertir que hoy es más incierto que nunca el fin por el

cual se inclina el vector de fuerza o la posibilidad de composición

que manipula el hombre: ¿para el bien? ¿para el mal?. La

tecnología acelera la aparición de resultados; así, el trabajo con la

anticipación muestra una correspondencia entre la tecnología de la

producción y la empresa económica, cuya búsqueda implica el

beneficio contra competidores y enemigos. Lo que esta

competencia cognitiva supone es que en la aceleración de la

inteligencia, la homeotecnología es alcanzada por “el problema del

mal”. Como sea, el síntoma de la cultura y la sociedad

contemporánea abre una grieta y pone en evidencia que algo está

funcionando de otro modo, algo se ha corrido de su eje o de su

centro. Y es este exceso el que conecta al deseo con el sujeto.

.

.

.

Bibliografía

  • Cecilia Fumagalli, “El camino del hambre (entrevista a Marie Monique Robin)”, en revista Caras y Caretas, Año 47, no. 2.225, agosto, 2008.
  • Telma Luzzani, “Alimentos, historia de una crisis provocada”; “Los ángeles exterminadores” en revista Caras y Caretas, Año 47, no. 2.225, agosto 2008.
  • Peter Sloterdijk, Extrañamiento del mundo, Valencia, Pre-textos, 2001
    “El hombre operable”, revista Artefacto. Pensamiento sobre técnica, no. 4, Buenos Aires, 2001.

.

.

Home Subir

.