Bajar

 

 

NO.

No nos precipitamos con arrojo en el abismo de la incertidumbre;
No creemos que nuestro pensamiento alcance los confines.
No vestimos el ropaje que impone el marco teórico actual.
Nuestra sagacidad y nuestro empeño son nuestras herramientas .
No buscamos marcos que nos validen.
No ansiamos el podio de los vencedores
Ni somos las viudas de señores muertos y podridos.
Andamos vestidos, pero nuestras prendas han sido zurcidas
En el desmadre de nuestros días. No estamos de tu lado;
No queremos que estés del nuestro.
No damos el presente en la boutique de las buenas ideas,
Ni de las ideas progresistas, ni de las ideas de culto.
No reivindicamos maestros escondidos u olvidados; no hacemos
Operaciones de legitimación a posteriori; nos tiene con y sin cuidado
Los precursores. Confiamos tanto en nuestros semejantes
Como en nosotros mismos: ni más ni menos. Al filo de la navaja.
No buscamos ser discípulos de nadie. No queremos
Ir tomados de la mano. Podemos avanzar y retroceder y
Volver a retroceder. O detenernos. No creemos en el avance
Como noción segura de superación.
No nos angustia el cambio, pero no valoramos
La novedad como una fuerza de vital de los humanos.
No somos un colectivo organizado; entre nosotros no pensamos lo mismo.
Nunca pensamos los mismo; pero por el momento
Nos mantenemos unidos.
Usamos la primera persona del singular para incomodar; para
Incomodarnos, para leernos, para ser legibles y para leerlos.
También para sentirnos parte de un espacio de producción y comenzar a rechazarlo.
Pero no nos convence devenir minoría; ni ser puntos de fuga, ni máquinas
De guerra. Nuestra lucha es hacia adentro y hacia afuera.
Desconfiamos de la noción de libertad; buscamos la plena libertad.
No poetizamos la mierda ni el tedio ni el horror. Tampoco
Dejaremos de hacerlo.
No validamos la contradicción como treta, coma argucia
O como mera chicana. No es el final de una polémica: tal vez puede
Ser el inicio de una nueva discusión.
No todos son bienvenidos, pero todos pueden venir.
No protestamos con la panza llena: protestamos
Con el asco de sabernos hundidos.
No confiamos en las consignas de antaño;
No disfrutamos de las disputas ya conocidas.
Es mentira que estés completamente rendido, cuando
Ni siquiera sabías que estabas despierto.
No vamos a mentirte; no vamos a evangelizar.

Pero no somos iconoclastas de fin de semana
Y no es nuestra intención, demoler
Castillos en los que ya nadie debería creer.
Inútil derrumbar lo que cae por su propio peso.
Nada es sencillo en el estado actual de las cosas; la vida cotidiana
Puede ser una trampa ardua y complejo: es lícito
Salirse del juego antes de tiempo, pero no se puede especular
Con coronas de flores y recuerdos póstumos. No nos agradan
Los discursos mortuorios. El finado nunca es tan bueno.
Suicidarse es tan demodé como tener esperanzas.
No creemos que el futuro ni el mundo estén desfalleciendo
Delante de nuestras narices,
Como espectáculo último de la humanidad.
No, no creemos.
De ser así: no revendemos entradas para el show del holocausto
Ni para la hoguera de tus temores anticipados vía internet.
No buscamos salvar nuestras almas de los fuegos fatuos
De la ridiculez mundana.
Desde ya: la horma de nuestro zapato no es la lógica
De los noticieros ni del periodismo sensacionalista.
Jamás seremos señuelo para cazar nuestros propios anhelos.
No bailamos ante nuestro rufián de turno,
Para recibir su pleitesía y dádiva de vida mediatizada.
Más allá de todas las alertas reales y evidentes,
El mundo y el futuro persisten como insulto de madre
En el patético corazón de niño caprichoso e incomprendido
Que somos.
Maleducados y laboriosos.

Tal vez haya otros caminos por recorrer antes
De bajar el telón o ser echados a patadas
Por olvidar nuestros parlamentos
En esta farsa habitual llamada realidad.
Habíamos jurado no volver a traicionarnos
Y acá estamos haciendo el papel equivocado.
Otra estúpida vez.
Y viceversa.
Llegamos hasta acá sin guía ni brújula
Y probablemente nos vayamos sin pena ni gloria.
En el ambiente huele a dioses resignados
Y entristecidos por nuestras desangeladas
Costumbres que nos sucumben sin piedad.
No sólo ya no lloramos de rabia; además festejamos
Al cavar nuestro propio foso mirando al verdugo con ternura.

Un trabajo de trascendencia por parte de los hombres
Para generaciones posteriores. Eso nos falta. “La infinita esperanza”, que
Recordaba Benjamin, que a su vez, había dicho Kafka.
O tal vez el futuro ha sido siempre lo imposible.
Tal vez.
Pero no: por el sencillo motivo que no creemos en el futuro: o al menos,
No en el futuro que se compra en cuotas, a largo plazo,
Con nuestra sangre y sacrificio, para beneficio de terceros.

 

 

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Para beneficio de los simuladores de honestidad y buenas costumbres.
Buenas noches, tenemos ganas de patear a la mierda el tablero.
No planteamos el regreso a vanguardias de ningún tipo:
No hacemos culto a las personas, no tenemos altares teóricos
O textuales.
No nos alumbra el artificial negocio del confort , la norma y la seguridad.
Por favor, basta de la miseria ordinaria que asola nuestras vidas mediocres;
basta de arrodillarnos
Ante la falacia concreta del sentido común.
Basta de pensar y pensarnos en términos de competitividad
O en supuestos placeres diagramados por ignotos publicistas.
La ciudad no está en la guía Filcar ni en el diagrama del urbanista:
Se metamorfosea con tu piel, con tu deseo y tus mentiras: te va moldeando el carácter.
Y te destroza.

No somos intelectuales con becas o reconocimientos universitarios; no
Disparamos a matar al mundo de las ideas; no buscamos nuestro
Kiosquito de supervivencia en el mundo académico.
No creemos en la profesionalización de los destinos; no somos ácratas
En contra de un sistema abstracto y confundido.
No proponemos un suicidio romántico de la polémica, la discusión
O el diálogo. Queremos volver a pensar, a mover la telaraña y el polvo
De la biblioteca, de nuestros razonamientos adormecidos.
Queremos hacernos trampa a nosotros mismos y
Engañarnos nuevamente para llegar a un sitio otra vez inseguro.
No queremos la cita perfecta ni el progreso infinito.
Buscamos un espacio de estímulo para el desencanto y
La posibilidad de la resistencia, la escritura y el disentir .
No claudicamos antes los artilugios de la mercadotecnia, que sueña
En convertirnos a todos en clientes pulcros y educados; nobles representantes
De un universo de cotillón, hipocresía y papel picado; fingiendo nuestros orgasmos,
Ocultando nuestros dolores, para no salir desgarrados en la foto del anuario
De los humanos resignados al papel de siervos.
Con prendas baratas e ideas falsas.
No queremos ser espantapájaros el resto de nuestras vidas.
No discutimos entre nosotros para entretenernos de nuestra soledad; o para
Disipar nuestros temores o hechizar nuestras desgracias, y que
Temores y desgracias pueden ser ilusiones montadas
Por ideologías o discursos o prácticas opresivas.
Y viceversa.
Tampoco festejamos con algarabía y sonrisas
Los días por venir.
No aplaudimos
No somos optimistas trayendo la buena nueva;
No evangelizamos a corderos perdidos ni buscamos secuaces de
Nuestras fechorías.
no nos interesa brindarte lo que vos mismo no podes forjarte.
No hemos sido invitados a la fiesta de premios y castigos culturales,
Ni al gimnasio de papers y congresos académicos.
Nuestro ranking no concuerda con las pautas de buenos modales,
Estrategias de acomodos y alcahuetes.
Pero si hubiésemos sido invitados, seguramente se hubieran arrepentido.
Y sin embargo, no nos llevamos bien con el papel de profeta
En el desierto. Aunque intuimos que el desierto crece,
No nos amargamos por los contratiempos metafísicos
No nos sobran los motivos para brindar,
Pero no queremos quedarnos acobardados como víctimas
Rezongando en la oscuridad de nuestras miserias.
Seríamos capaces de escupir en tu cara para despedirnos o
Para agradecerte tanta malicia.
No queremos promover una falsa ética de la traición injustificada y no
Estamos dispuestos a traicionarte por unas monedas que compren nuestros sueños.
Pero por las dudas, no creas ni en vos mismo
No somos viejos lobos de mar; directamente no nos gusta el mar.
No creemos en los náufragos que anuncian su partida por altavoces
Y vuelven para hablarnos de horizontes tibios, sirenas bellísimas
Y sacrificios insondables.
Nos inquieta, nos molesta, nos perturba nuestro presente
Nos incómoda desde diferentes ángulos y perspectivas.
Pero no apostamos a la nostalgia tibia de la ternura como refugio.
No apoyamos Cartas abiertas ni Cartas cerradas,
Ni cartas de enamorados.
Pero tampoco consideramos que el cinismo sea un deporte elegante.
La única elegancia que nos incumbe es la argumentativa y hasta ahí nomás.
No nos regodeamos en nuestros fracasos y de esa frustración , luego,
No hacemos una estética trasnochada ni una poética de valientes rencorosos.
No llevamos a nadie en nuestros hombros; no nos dejamos llevar por nadie.
No simulamos desesperación ni odio ni indignación. No acordamos con las políticas
Imperantes ; ni con las anheladas ni con las posibles a posteriori.
Ni las oficiales, ni las opositoras, ni las izquierdistas ni las que no se
Muestran en la carta de este restaurante democrático.
No vomitamos nuestro aburrimiento y lo llamamos arte.
No queremos ver nuestro cerebro congelado en el frigorífico de las ideas
Para luego ser vendido y comprado en el mercado de los fetiches discursivos.
No cocinamos nuestro propio espacio de poder para algún día; por un veremos remoto
Con menos fuerzas y voluntad de seducirnos con falacias.
Pero no somos ni queremos ser santos dignos de altares laicos.
No intentamos ir más allá de nuestra humanidad.
No creemos en cambios profundos y radicalizados que nos llevan
A nuevas doctrinas asesinas. No seguimos caravanas
De hambrientos de reconocimiento. No confiamos en la palabra revelada
De gurúes políticos, estéticos o éticos. No te echamos a patadas por
Ser diferente, no aceptamos la falsa aceptación de la diferencia.
Pero no asumimos la palabra como única conciencia posible, pero
Tampoco coqueteamos con el verbo como un maquillaje.
No somos nada felices, con un horizonte atiborrado de mentiras
Y torpezas humanas infinitas.