Remolino menstrual

 

“—Yo no sabía que los travestis, no sé cómo decirlo. Yo creía que…
— ¿Qué creías?
—Que eran pervertidos, nada más. Nunca se me hubiera ocurrido pensar que también necesitaban amor.”

“Mis sentimientos son los de una mujer, pero razono como un hombre. Lo sé.”

Plástico Cruel, José Sbarra.

Ave María Purísima sin pecado concebida.”

Palabras que acompañan a una imagen de la Virgen en unos azulejos de una pared de la estación de subte Catedral.

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Si lo que buscan aquí es un texto coherente y lineal… lo siento, entraron en el boliche equivocado.

Si lo que esperan a continuación es un despliegue de ideas bien desarrolladas con su documentación bibliográfica correctamente citada al pie del texto… mmm, qué pena, realmente lo siento, pero yo no soy esa persona que ustedes estaban buscando.  

Lo que sigue a continuación son un puñado de verdades equívocas. Apenas intuiciones que siguen ideas tan efímeras y fáciles de desmontar para demostrar lo contrario de aquello que afirman, que si no fuera yo a quien se le ocurrió escribirlas ya las hubiera abandonado antes de empezar nada.

Lo que sigue a continuación no tiene más justificación que la fuerza con la que un chico arroja piedras desde el costado de las vías a un tren que pasa. (Por favor, joven argentino, lee esto como una licencia poética, como una metáfora, porque tirar piedras a un tren puede causar daños irreparables a las personas que viajan en él.)

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Continuadísimo, de Naty Menstrual, es una recopilación de cuentos que publicó la editorial Eterna Cadencia a finales del año pasado. Y que tuvo una buena recepción en diferentes medios gráficos.  Y además su autora fue invitada a  la tele, al programa de Osvaldo Quiroga y también al de Chiche Gelblung, que desembocó en un sonado affaire televisivo con el periodista que fue repetido hasta el vómito en todos los programas.

Me voy a detener un instante en el affaire Chiche que puede verse entrando en YOU TUBE. Chiche es un animal carroñero, un buitre. Por cierto, no es el único en su oficio. Ahora bien, ¿qué pasó en ese sonado programa? Chiche invito a Naty Menstrual a su programa para hablar de su libro Continuadísimo. Y Naty fue y se encontró frente a las cámaras con un periodista que la presentaba como un monstruo de feria y que le exigía que actuara como tal. Pero el tiro le salió por la culata ya que Naty no se prestó a su juego y Chiche, descolocado y sacado, terminó echándola. Esto me recuerda que unos años atrás Chiche llamo en su programa de radio a un demonio de las letras argentinas que sí piso el palito con él. Estoy hablando de Fogwill. Chiche se entero que éste había escrito un ensayo para leer en un congreso en Francia sobre el “lobby del holocausto”, es decir, sobre como este tema del holocausto fue y es manipulado por ciertos sectores para tener vía libre para operar política y económicamente con impunidad. (Tema de estricta actualidad que uno puede seguir hoy en la tele y los diarios en relación a las políticas criminales que lleva a cabo el Estado de Israel contra el pueblo de Palestina. O, por ejemplo, como el libro La mafia judía, de Fabián Spollansky, que ha sido tachado de antisemita, condenado por la DAIA y en consecuencia gran parte de las librerías del país se niegan a comercializarlo. ¿Qué tiene de tan grave este libro? Mucho, pero nada en relación al antisemitismo. El libro es una investigación periodística que denuncia el manejo mafioso de ciertos sectores de la comunidad judía. Y, por cierto, está escrito por alguien de la misma comunidad. Acusar a La mafia judía de antisemitismo es tan absurdo como censurar La Bonaerense,de Ragendorfer y Dutíl, de antiargentina por denunciar las practicas criminales de la policía Bonaerense, o tan estúpido como tachar a J. G. Ballard de antibritánico por escribir en su última novela Bienvenidos a Metro-Centre,una larga meditación acerca del insipiente fascismo que se esta incubando en Inglaterra.) Bien. Chiche lo saca al aire de Radio 10 a Fogwill presentándolo como uno de los escritores más importantes de la Argentina y lo hace hablar. Fogwill habla y argumenta con la lucidez y belicosidad que lo caracteriza. Y cuando termina, Chiche lo corre del lugar y lo pone frente al paredón de fusilamiento y lo acribilla sin asco, pero Fogwill, lo que usted está expresando es profundamente antisemita. A partir de ese momento por más que Fogwill intentó argumentar y demostrar que sus palabras estaban bien documentadas, de nada sirvió, porque Chiche recortó las palabras “lobby del holocausto” y sentenció: antisemita. Bien, Naty frente a semejante personaje que es capaz de llevar al patíbulo a un zorro viejo como Fogwill no solamente logra descolocarlo sino que además lo deja en evidencia.

Ahora bien, hay algo en todo esto que me llamó la atención. El conjunto de los cuentos reunidos en el libro Continuadísimo ya existían y se podían leer tanto entrando en el blog de Naty como en la revista digital elinterpretador. Y esta demás aclarar que tanto el blog de Naty como elinterpretador son espacios a los que pueden acceder potencialmente mucha más gente que a un libro con una tirada de 1500 ejemplares. Lo que quiero decir, es que esos cuentos ya habían sido leídos por muchos lectores en la Web, muchísimos más, de los que llegaran a leerlo alguna vez en papel. ¿Y qué es lo que me llamó la atención de todo esto? Como un libro inventa a un autor y en tanto tal merece ser en principio reseñado en suplementos culturales y con el tiempo, por qué no, ser parte de lecturas más sofisticadas por parte de la universidad e invitado a hablar sobre lo que sea a los medios y así hasta ser la imagen de una tarjeta de crédito como alguna vez lo fueron Adolfo Bioy Casares y Ernesto Sábato.  

No estoy descubriendo la pólvora, lo sé. Como también sé que la discusión en torno a la figura del autor los tuvo en el siglo XX a Michel Foucault y Jaques Derrida agarrándose de las mechas. Porque Derrida anunciaba la muerte del autor que por otra parte no era más que un artificio de una época (cito de memoria, así que me puedo equivocar) y Foucault le retrucaba, momentito, nene, artificio o no, la figura del autor tiene un pasado, una historia concreta e instituciones que la reprodujeron y la reproducen.

No es que me parezca una barbaridad que hasta finales del año pasado Naty solo fuera alguien que escribía cuentos y poesías que publicaba en su blog o en elinterpretador –incluso publicaba textos en suplementos de género de Pagina /12 y en la revista travesti El Teje—y que después de la publicación de su libro se convirtiera en la autora de un libro. Esto no me parece algo por lo que tuviera que rasgarme las vestiduras. Nada que ver. Simplemente me llama la atención cómo algo que alguien escribe según donde aparezca le permite a ese alguien ser alguien. Un autor. Con una obra. Y que merece por lo tanto un reconocimiento.

Como se ve no soy el primero en llegar a la luna. Pero este asombro me recordó el viejo asombro que sentí alguna vez cuando tropecé con unas obras completas de Jorge Luís Borges publicadas en los años 60. Décadas antes de morirse y muchos libros antes de su último libro, Borges ya tenía sus obras completas publicadas. No se bien qué quiere decir esto, pero me parece curioso, más allá de las explicaciones económicas, que las tiene, este hecho.

En todo caso la pregunta que se me ocurre formular aquí es la siguiente: ¿si Naty no hubiera publicado el año pasado su libro de cuentos le hubiéramos hecho una entrevista y dedicado un número de tevoyaatornillar? Probablemente sí porque nos gustaba su poesía y sus cuentos y sus dibujos mucho antes de que Eterna Cadencia le publicara su primer libro. Y otra pregunta: ¿hubiera sido la misma charla la que hubiéramos mantenido con la Naty que escribe cuentos y poesías y que actúa y dibuja pero que no publicó ningún libro que con la autora de la obra Continuadísimo?    

 

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Un domingo de febrero haciendo tiempo a la salida del trabajo para ir a una reunión de la revista estoy comiendo un helado y caminando por una calle Corrientes vacía y sofocante en la que los pajaritos se caen de culo de los árboles. En el café La Paz David Viñas toma un café con leche con medias lunas y lee La Nación y fuma un cigarrillo que no logro ver de qué marca es. Yo hago tiempo, buscando una perla en librerías de usados y viejos. Entonces paso por la puerta de un teatro y veo en un cartel de Enrique Pinti disfrazado de vieja chota. Sigo caminando y en otro teatro veo en un cartel a Antonio Gasalla con pollera y peluca pidiendo respeto por ser madre. Después veo a Fernando Peña producida de puta. Y en la otra cuadra a Nacha Guevara disfrazada de Evita que, como todo el mundo sabe, después de haber leído el Eva Perón, de Copi, y visto a Madona interpretándola en una película de Parker, no hay puto que no sueñe con treparse a la Casa Rosada “montada” de Evita y ser ovacionada por una multitud de “negros cabeza” con la pija parada escuchando su discurso. De hecho, hay una guía de la comunidad gay de la ciudad de Buenos Aires con un mapa de la ciudad (que, por cierto, como todos los mapas turísticos de la ciudad, sólo abarca un quinto de la misma) donde se mapean diferentes lugares recomendados para visitar: sex-shops, institutos de belleza facial, restoranes japoneses y orgánico vegetarianos, hoteles, tiendas de ropa, casas de masaje (puteríos, se entiende) y el Museo Evita.  

Es extraño pero donde trabajo suelo ver mujeres hechas. No son travestis. Son mujeres operadas. Que se operaron las tetas, el culo, se lipoaspiraron para darle forma a sus curvas ya sin forma, y no puedo afirmar si se operaron la cachufleta para volver a tenerla como a los 15 años pero por qué no. Que se operaron la nariz, los pómulos, se rellenaron de colágeno los labios y tienen la piel libre de arrugas como sus hijas o nietas. Esto me recuerda cuando apareció en la tapa de una revista Susana Jiménez haciendo toples y sin ombligo. En la foto la diva sexagenaria de la televisión argentina no sólo aparecía con unas tetas bárbaras sino que además no tenía ombligo. ¿Por qué si un taxi boy puede aparecer en una pagina web que le hizo un amigo mió con una pija del tamaño de un termo para tomar mate, la Su no puede darse el lujo de travestirse de mujer joven y sin ombligo gracias a las artes del foto-shop? Como dijo ya no se quién cuando apareció la tapa de Susana desombligada y que todos comentamos como si de La Tercera Guerra Mundial se tratara, ¿qué cuerpo hoy no esta atravesado, intervenido por la tecnología? Creo que Moria Casán entendió muy bien esto hace tiempo, y luego de ser durante décadas objeto de deseo masculino de incontables generaciones, un día empezó a ir al quirófano hasta convertirse en un travesti hecho y derecho para seguir cotizando las acciones de su empresa en el mercado de la carne. Como mina la biología solo le ofrecía una vejez alejada de todo deseo carnal de ser penetrada por hombre alguno—estamos hablando de una mujer que esta llegando a los 70 y que con la claridad que la caracteriza afirmó: yo necesito un hombre que me penetre todos los días —, pero la tecnología la convirtió en un travesti que no dudo que sigue despertando los ratones de más de un hombre.

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Chuck Palahniuk cuenta en un ensayo Error Humano que le prometió a una amiga presentarle a Brad Pitt –que estaba por entonces filmando una película basada en su libro El club de la pelea— si ella accedía a que él la ayudara a diseccionar un cadáver en la facultad de medicina. Y sigue Palahniuk contando:

“Ya había suspendido los cursos de medicina tres veces, pero su padre era médico, así que mi amiga continuaba yendo por allí. Tenía la edad que yo tengo ahora, era de mediana edad, la estudiante más vieja de su clase, y nos pasamos la noche entera diseccionado tres cadáveres para que los estudiantes de primer año pudieran examinarlos al día siguiente.

Dentro de cada cuerpo había un país entero del que yo siempre había oído hablar pero que nunca pensé que fuera a visitar. Allí estaban el bazo y el corazón y el hígado. Dentro de la cabeza estaban el hipotálamo y las placas y los nudos del Alzheimer. Con todo, lo que a mí más me asombró era lo que no había. Aquellos cuerpos amarillos, afeitados y correosos no se parecían en nada a aquella amiga mía que estaba allí cortando y serrando. Por primera vez vi que tal vez los seres humanos son más que sus cuerpos. Que tal vez exista el alma.”

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Los cuentos de Naty Menstrual, como dice ella en la entrevista que le hicimos, tienen un conflicto, una tensión con un principio, un nudo y un fin. Escribe como un Corin Tellado, pero reventado, después de una orgía. Creo que el tono de su escritura ya se puede imaginar desde su nombre. Se llama Naty Menstrual. Ese es el nombre que ha elegido. Irónico. Sucio. Femenino. Es una chica y como tal las chicas una vez por mes tienen su ciclo menstrual. Eliminan sangre podrida por el agujero que tienen entre las piernas. La escatología de sus cuentos y poemas ya esta en su nombre y desde su menstrual apellido escribe como una chica a la que la visita Andrés una vez por mes. Se sabe, gracias a la publicidad televisiva de fármacos para contrarrestar los efectos de “esos días”, que una mujer cuando menstrua no es ella, no sabe quién es, se vuelve loca.

Los cuentos de Naty hablan de pensiones roñosas llenas de cucarachas e indocumentados. De calles donde los hombres salen en plan de levante a buscar un buen par de tetas con pija. Los cuentos de Naty hablan de travestis, también de mujeres, pero lo curioso, lo que le da fuerza a su escritura es que no cae o casi nunca cae en el error de contar sus historias desde el puto reivindicativo que cuenta historias que denuncian la marginación que sufre una minoría social. No. Naty cuenta historias, no escribe panfletos de género.

Los cuentos de Naty trascurren en la capital, en la Ciudad de Buenos Aires, pero sus personajes vienen todos de afuera, del Conurbano o de alguna provincia. Son extranjeros. Indocumentados. Sus documentos desmienten sus nombres reales. Trabajan en negro como los bolivianos que cosen la ropa de las marcas que tanto nos gustaría comprar si tuviéramos la plata para comprarla cuando vamos a un shopping. Sus personajes hacen la calle, un mercado laboral tan inhóspito como cualquiera en este mundo tapizado de publicidades donde todo el tiempo se recuerda que la vida es maravillosa y tu vida es maravillosa y que sólo es una cuestión de actitud y de tener el dinero suficiente. Después de todo, hacer la calle es un trabajo como cualquier otro, como vender galletitas en el tren o ser repositor de supermercado o empleado de comercio o escribir libros (una encuesta seria estoy seguro que demostraría que es más rentable ser puta que escritor).  En todos los casos se pone el cuerpo a cambio de un dinero que no compensa el gasto hecho y cuando el cuerpo no da más se arroja a la basura como una botellita de Coca Cola cuando la terminamos.

Pero los cuentos de Naty tampoco hablan solamente de travestis que hacen la calle. Sus textos cuentas historias de personas que sueñan con tener hijos, con encontrar el amor o una pija para pasar una buena noche. Cuentan historias sus historias, son relatos, en los que hay travestis, pero no son cuentos sobre travestis. El cuento Lluvia dorada sobre mí es una historia de amor clásica, de alguien que ha perdido el gran amor de su vida y es genial, es un gran cuento y no el relato de un puto al que su chongo lo usó y luego dejó cuando no le sirvió más.

Cuando leo a alguien suelo inmediatamente intentar buscarle precursores. Armar una familia genealógica, un sistema que me ordene antes de quién y después de quién viene. Una estupidez, pero funciono así. A Naty podría emparentarla con Alejandro Lopéz y su novela Keres cojer = guan tu fak que habla de una travesti, Vanesa, que sólo logro hacerse una teta y que viaja a Estados Unidos para triunfar, o su anterior novela, La asesina de Lady Di, que habla de una fan de Ricky Martin con poderes paranormales que quiere tener un hijo del músico. También pensé en Chuck Palahniuk y su novela Monstruos invisibles que cuenta la historia de una modelo preciosa que se desfigura la cara para no quedar confinada en la prisión de la belleza y la juventud y se une a un transexual que se opera buscando ser la mujer bella que fue ella. La novela de Palahniuk es una comedia negra sobre la belleza y la juventud que tanto nos obsesiona y como los cuerpos se forman y deforman buscando escapar a la soledad. Pero la escritura de Naty esta lejos formalmente de la complejidad de esa novela, quizás Alejandro López se acerque más. ¿Fogwill? Muchos de sus textos como La experiencia sensible o Vivir afuera hablan de sexo como los de Naty, pero Fogwil, a diferencia de Naty, logra hacer de muchas escenas de sexo pornografía, cosa que en Naty no se encuentra. Los relatos de Naty hablan de pijas, culos, conchas pero no llegan a ser sexo explicito como cuando uno lee a Fogwill. Bueno, esto que afirmo, supongo, también, tiene que ver con quien lo lea. Es totalmente arbitrario y subjetivo qué lo calienta a cada cual. ¿Acaso uno, caminando por la calle, no ve a cada elemento humano de la mano y a los arrumacos de cada elemento humano que de solo verlos nos hacen pensar con un estremecimiento recorriendo la espina dorsal: es imposible lo que estoy viendo? Bien, parece que no estoy dando con los precursores de Naty Menstrual. Ella afirma haberse leído todo Corin Tellado y yo nada, como si no la hubiera escuchado, sigo queriéndola emparentar con los escritores que a mi me gustan. ¿Osvaldo Baigorria? Puede ser, tiene dos novelas, Llevatela, amigo, por el bien de los tres y Correrías de un infiel donde el sexo y el viaje se enroscan en la primera persona del narrador para contar historias que como las de Naty el humor no esta exento. Quizás -y acá  sí creo que hay un cruce fuerte-, es en los libros de José Sbarra, en dos libros que ya son míticos: Marc, la sucia rata (que  tevoyaatonillar a publicado en su primer número: http://www.tevoyaatornillar.com.ar/mark.html) y Plástico cruel. En particular el segundo que es una historia de amor, donde el humor de la lengua está todo el tiempo rompiendo lugares comunes. Mmm… me parece que no estoy siendo claro, y es más, estoy batateando. Pero sigamos, quizá entre tanta pavada logremos hallar una brizna de lucidez. En Plastico cruel hay un travesti, que es un Batato Barea literario, Bombón, poeta y puta, y un adolescente amoral que persigue los dictados de su deseo y una runfla de amigos dragones, poetas, ladrones y prostitutas. Los diálogos de la novela son impagables, geniales. Bien leída, Plástico cruel es un tratado sobre el amor. Pero toda la novelita es como algunos cuentos de Naty Menstrual, una narración hecha con una gran inocencia a la Corin Tellado (que sea dicho de paso jamás leí, pero dónde se vio que uno sólo puede hablar de lo que vio, si fuera así Paul Veyne jamás podría haber hablado de los romanos de la antiguedad ni Salgari del mar, al cual nunca visitó). No sé. Es absurdo este raye mío de los parentescos. Quizás tenga que ver con que cuando era chico veía en la tele un programa de Héctor Larrera, Seis para triunfar, donde si un participante escogía correctamente dos casilleros al darlos vuelta Larrea gritaba “¡¡¡Alcoyana-Alcoyana!!!”, y el participante se ganaba un premio berreta. Pero hagamos un último intento. Bukowski, ¿por qué no? Los cuentos de Bukowski cuentan historias sórdidas de personajes que viven en pensiones roñosas, y hay putas y alcohol y una vida que se resiste a ser vida. Es violento. Cualquier estúpido cree que puede escribir como Bukowski con tan solo hablar de putas y alcohol y en un lenguaje bastante crudo. Pobres angelitos. Animales hasta en la sopa o Vida y muerte en el pabellón de caridad son cuentos brillantes que las pésimas traducciones de la editorial ANAGRAMAno logran opacar. Uno cuenta el fin del mundo y el nacimiento de una nueva raza, el otro el de una persona pobre que es llevada en una ambulancia vomitando sangre a un hospital del Conurbano Bonaerense, pero de Estados Unidos. Podría haber algo de Bukowski, que sé yo, en todo caso les dejo la inquietud a las chicas de letras para que corroboren mis hipótesis. Ah, me olvidaba, está Sarrasine, de Balzac, donde hay un traba y reviente y un mundo tan pero tan parecido al nuestro en cuanto a lo miserable y estúpido que uno no deja de asombrarse cuando lo lee a Balzac, primero por su prosa inigualable, claro, y luego por ese mundo que narra tan pero tan moderno que por viejo que nos parezca hoy no deja de ser lo mas nuevo que se pueda decir sobre el hoy de pasado mañana. Y voy a decir una verdad. Brutal. Fuerte. No solo leí Sarrasine sino que también leí S/Z de Barthes, donde éste analiza la obra de Balzac, ¿y sabes una cosa? No entendí nada. Con Barthes está todo bien, su escritura me parece maravillosa y sé lo importante que ha sido para el pensamiento del siglo XX pero yo no lo entiendo. Cuando me empieza a hablar de códigos hermenéuticos, campo simbólico, código proairético y otros tantos chirimbolos semióticos me pierdo y ya no se de qué me está hablando. Una verdad fuerte. Comprometida. Jugada. Así soy yo. Un franco tirador en la cornisa disparando verdades a quemarropa. ¿Donde si no acá pueden escuchar verdades tan desnudas?

 

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Te voy a contar una historia. Que me contaron hace muchos años.

Cuentan, pero Alá es mas sabio y justo, que había una vez hace muchos años un rey que era dueño de la mitad del mundo. Y un día como a todos les sucede le tocó la hora de  morir. Entonces heredaron su reino sus hijos. Uno heredó la India y el otro la China. Los hijos, al igual que el viejo patriarca, condujeron sus reinos con equidad y paz y el pueblo los quería. Y así trascurrieron muchos años.

Pero un día uno de los hermanos, Shariar, sintió nostalgia del hermano que hacia años que no veía y decidió ir a visitarlo. Armó las valijas y partió rumbo al reino de su hermano con toda una comitiva de guardaespaldas y sirvientes. Pero la primera noche de viaje que se detuvo a descansar se percató de que se había olvidado el regalo que pensaba regalarle a su hermano y le comentó a su visir, que era una suerte de secretario personal y ministro del interior de la época, lo que sucedía. Éste le dijo que enviaría a unos soldados de la comitiva para buscar lo que se había olvidado. Pero Shariar se negó.  Como él había sido el boludo prefirió ir él en persona de una corrida.

La cosa es que llegó a la madrugada a buscar el regalo para su hermano que se había olvidado y terrible quilombo descubrió al entrar a su dormitorio. Su mujer estaba con un negro con una pija grande como la de un caballo, gozando como una perra. El rey, sacado, obvio, hizo lo que hace todo rey cuando su mujer le mete los cuernos con alguien con la pija más grande que él. Le cortó la cabeza a los dos y volvió al campamento que descansaba para retomar el viaje al otro día.

El rey no dijo nada. Se la comió. Pero se notaba que estaba destrozado. Su visir quiso sacarle palabra pero al ver en sus ojos una tristeza atravesada de furia santa prefirió mantenerse lejos de él y que nadie lo molestara.

Luego de viajar varios días finalmente llegaron al reino del hermano. Este los recibió con mucha alegría y se deshizo en halagos y cumplidos por la felicidad que le producía volver a ver a Shariar. Pero Shariar tenía una cara de culo inmodificable. Después de una cena copiosa los hermanos se quedaron solos y pudieron hablar tranquilos. Entonces uno le preguntó al otro qué cosa tan terrible le pasaba. Shariar le contó su trágica historia. Que había descubierto a su mujer garchando con un negro pijudo mal y que los mató a ambos. Y que por eso es que estaba tan mal. Que lo alegraba volverlo a ver pero lo de su mujer le había estropeado la alegría de vivir.

Entonces, el hermano, que no recuerdo su nombre así que lo llamaremos Carlos Saúl, para compensar la pena de Shariar, decidió organizar una cacería para levantarle el ánimo y que se distrajera.

La cosa es que se fueron de caza y Carlos Saúl a la noche tiene que volver por no se qué tema rápidamente a su reino, pero le dice a Shariar que antes del amanecer estará de vuelta. Ok, le dice Shariar, andá y volvé. ¡Para qué! ¡Alá y la puta que los parió a todas las vírgenes que abanican en el cielo su santa bolsa genital! Carlos Saúl entró de incógnito a su casa, y, ¿qué vio? Una partusa que era un quilombo organizado por su mujer. Eran doce esclavos todos bien dotados  de miembros grandes como sables y once esclavas despampanantes más su mujer dirigiendo todo el asunto al ritmo de Los Auténticos Decadentes: ¡¡¡Somos los piratas!!!. Carlos Saúl se vió escondido desde un rincón todo el espectáculo. Quilombo mal. Lo que no se hizo esa noche en su casa es porque no existe. De todo vio. El Kamasutra de la A a la Z y viceversa. Cuando la orgía terminó, el hermano de Shariar llamó a sus guardias y les pidió que afilaran bien las espadas. Entró. Estaban todos durmiendo la mona después de semejante bacanal. Los levantó a patadas y ordeno que les cortaran la cabeza a todos. A todos menos a su mujer, que se la cortó él.

Luego volvió al campamento de caza que había organizado y Shariar se asustó al ver en su hermano el mismo rostro de desasosiego suyo que tenía hacía días. Shariar lo interrogó y éste le contó. Vos creías que lo tuyo era una tragedia, que encontrar a tu mujer con un negro pijudo era algo terrible; bueno, hay algo peor, encontrarte con tu mujer no enfiestada con un tipo sino con doce tipos y además once minas. Shariar invocó el nombre de Alá y dijo, ¡puta, que siempre hay cosas peores que las que le pasan a uno!

La cosa es que la cacería ya no tenía sentido y volvieron al palacio. Shariar se quedó unos días más y luego volvió a su reino. Los hermanos se abrazaron y se desearon suerte. Y Shariar volvió a laburar a su reino. Pero desde que llegó, como el raye con lo de su mujer no se lo podía sacar de encima, le ordenó a su visir que le consiguiera una virgen por noche para encamarse con ella y a la mañana poder decapitarla para evitar que ninguna mujer le hiciera crecer aun más su cornamenta.

Esto duró un tiempo al cabo del cual ya no quedaban vírgenes en el reino y las que quedaban ya los padres las habían enviado lejos para que el rey no se las cogiera una noche y luego las pasara por la espada.

Y una tarde el visir llego muy angustiado a su casa porque no había logrado hallar por ningún lado  una sola virgen para encamarse esa noche con el rey y si no le conseguía una mina a Shariar para dentro de unas horas, éste enfurecería y probablemente lo mataría por incumplir la tarea. Su hija que se llamaba Sherezada, al ver a su padre tan angustiado, le preguntó qué sucedía y éste le contó. Entonces ella le pidió a su padre que la ofreciera a ella para pasar la noche con el rey. Claro que el visir puso el grito en el cielo. Ni loco, primero te va a coger y después encima te va a matar, le dijo. ¡Vos estas loca, loca como tu madre! Sherezada que además de ser una mina que estaba buenísima era re culta mal pero mal-mal, le dijo como Carlin Calvo a Pablo Rago en Amigos son los amigos: vos, fumá. Como al visir no le quedaba otra obedeció a su hija y la llevó. Ésta, antes de irse, se produjo bien de perra y habló con su hermanita.

La cosa es que el visir le presentó para esa noche su hija al rey y éste quedó loco. Es sabido que una mina linda e inteligente es una pesadilla de la cual no hay Alá que te proteja. En fin, el rey organizó una cena especial para ellos dos y pasaron una velada divina, en la que no faltó ni el buen champagne ni la cocaína, que como todo el mundo sabe es la fórmula de la felicidad. Cuando llegó la hora de los bifes y el rey empezó a ponerla en bolas a Sherezada, ésta le pidió un favor. Bicha Sherezada, ¿qué tipo en ese momento no vende su alma al diablo con tal de satisfacer el capricho de una mina para poder terminar en la cama? La cosa que Sherezada le pidió ver a su hermana a la que quería mucho. Le dijo que quería despedirse de ella ya que por la mañana, luego de que él hubiera desflorado su inocente conejito sin orejas, la mataría. El rey puteó como loco pero accedió, tenía una calentura que estaba ciego. Mandó a traerla. Las hermanas, al verse, se abrazaron y charlaron un rato con Shariar que no dejaba de mirar el reloj, pensando que ya era tardísimo y que mañana tenia que levantarse temprano y que Sherezada era un minón y que no iba a pegar un ojo en toda la noche y que se iba a quedar sin leche en los huevos para lo que le quedaba de vida de tanto que se la iba a coger. Ok. Cuando Shariar se hinchó las pelotas, que por otra parte, ya las tenía bastante llenas de tanto franelear, dijo, bueno chicas, taza-taza cada cual a su casa. Entonces la hermanita encaró a Shariar y le pidió permiso para que su hermana le contara una historia, ya que ésta era re culta y relataba como los dioses y ésta seria la última oportunidad de poder escucharla ya que al amanecer la mataría. Otra vez con la misma cantinela, pensó Shariar, lo único que falta, que ahora me traten de misógino y que la OTAN invada mi reino con esa excusa. Y Sherezada contó una historia pero como cuando estaba por culminar su relato ya estaba asomando el alba se detuvo y le consultó a Shariar por qué no seguía su relato la noche siguiente sí él lo deseaba y lo permitía y ellos ahora se ocupaban de lo que se tenían que ocupar. Shariar aceptó, en parte porque se había copado con lo que contaba Sherezada y en parte porque no daba mas, quería coger.

Y así las dos hermanitas lo tuvieron a Shariar durante mil y una noches contándole cuentos y cogiéndoselo hasta que se curó el corazón del rey y todos vivieron felices y contentos durante muchos años. Hasta que la muerte los envolvió en su manto negro. Y luego a sus descendientes. Y más luego a todo el reino. Y pasaron muchos años más. Muchísimos. Y hoy de todo aquello solo queda este relato mal contado por mí. Y por tantos otros. Lo que quiero decir, querida Naty, a vos te cuento esta historia, es que no dejes de contar historias, que es importante, porque cuando no quede nada y todo lo que conocemos sea sólo una película de polvo sobre la superficie del olvido, aun quedaran, solo quedaran, los relatos.

 

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Convendrás en que son mundos aparte. Pero con todo existe un solo mundo y todo cuanto uno pueda imaginar le es necesario. Pues también este mundo que a nosotros nos parece hecho de piedras y flores y sangre no es en absoluto una cosa sino una historia. Un cuento. Y en él todo es cuento y cada cuento la suma de otros cuentos menores, y aun así éstos son también el susodicho cuento y contienen asimismo todos los demás. Así, todo es necesario. Hasta lo más insignificante. Ésta es la lección que debemos aprender. No podemos prescindir de nada. Nada es desdeñable. Porque las junturas nos son ocultadas, ¿comprendés? La ebanistería del mundo. La forma en que está hecho. No tenemos modo de saber qué podría quitarse. Omitir. No tenemos modo de decir qué cosa quedaría en pie y qué otra caería. Y esas junturas que nos son ocultadas están, cómo no, en el cuento mismo, y el cuento no tiene una morada donde existir salvo en el hecho mismo de la narración, y ahí vive y tiene su casa, y es por eso que nunca terminamos de contar. El contar no tiene fin. Y ya sea en Caborca o en Huisiachepic o en cualquier otro lugar, se llame como se llame o deje de llamarse, afirmo otra vez que todos los cuentos son uno solo. Correctamente escuchados todos son el mismo cuento.

Juan Pablo Liefeld
juanpablolief@hotmail.com