Entre cerdos y reinas (1)

 

 

 Por cirugías caseras, uno queda como un freak mezcla de Michael Jackson, Zulema Yoma y Güido Suller, y otra observa con horror sus propias mamas de aceite industrial caídas a la altura del ombligo. Por amor loco, una atesora el orin de su novio ausente en botellas de cerveza. Y a otro lo encuentran penetrado por un Gran Danés en un charco de sangre. Mientras tanto, el camarada Kaposi se lleva a volar a una reina moribunda junto a los pájaros pintados en las paredes del hospital Muñiz.
Relatar con humor estas peripecias, corridas, caídas y colapsos del cuerpo es uno de los milagros de Continuadísimo, primer libro de Naty Menstrual (2) . Un humor más que negro, marrón excrementicio. Que convoca al horror, se contagia y lo preña. Que chorrea escenas esperpénticas, vecinas del mal gusto, siempre sorprendentes, incluso tiernas. Los personajes de estos veintitrés relatos pueden ser víctimas, victimarios, crueles, patéticos, pirados o violentos pero siempre serán buceadores de amor en las cloacas, románticos del esfínter, capaces de dar la vida por un beso en la cola (3) .
“Literatura travesti trash” es el subtítulo con el que definió la autora a estos textos producidos en cibercafés y locutorios cuando aun no tenía computadora propia, algunos de ellos publicados en su blog y en la revista digital elintepretador, escritos casi sin corrección política ni estilística, literalmente a las corridas, en un lenguaje claro, legible, ameno, extrañamente apto para todo público a pesar de lo obsceno (4) . Se escucha en ellos la voz de la canaleta, del patio trasero, del mundo de abajo, prostibular, drogón, reventado, travesti, marica o chongo, fuera de la ley y de lo gay. Esa voz dice puto, pisa mierda, busca pija y lame culos pero jamás arruga, nunca se doblega ni censura. Su incontinencia verbal cuenta escenas que atraen y repelen, romances delirantes, chabacanos, como un Copi de lengua más negra y más guarra, en puro goce de emporcarse con chistes picantes de café concert: chancho limpio nunca engorda. Una picaresca pesada, de géneros bajos, donde lo trash y lo trans se trituran juntos en la compactadora de basura para reciclarse en broma bizarra (5)
Pero más allá de unas palabras de Pizarnik colgadas al principio, no se perciben marcas ostensibles de la tradición literaria (6) . En vez de huellas, hay ecos de ese aire de los tiempos que dejó el under de los 80, un aire acaso olfateado, jalado, esnifado en recitales y performances del Parakultural y otras escenas de la noche de San Telmo, de Batato Barea a José Sbarra, de Fernando Noy a Enrique Symns. También hay citas estratégicas del cancionero popular que remiten al rock argentino, de Miguel Cantilo a Soda Stéreo, pasando por Sui Géneris, como música de fondo para personajes prófugos de áreas devastadas en una ciudad lumpen (7) . Un tocar de oído para frases que festejan todos los flujos que corren, como la sangre que evoca el nombre autoral, entre otros líquidos o gases en fuga del interior al exterior, que pasan de uno a otro órgano, del ano a la boca o a la nariz, y que celebran con finales felices o infelices la coronación de esas vidas de reinas que adornan con plumas enchastradas su desamparo.
Por saturación, al final uno podría preguntarse si llegaría a funcionar en otros relatos la repetición de esa catarata de fluídos y mucosas que chorrean en función continuada. El tiempo lo dirá. Por ahora, puede disfrutarse la lectura de un tirón, el comentario inteligente en la escena grotesca y la carcajada que, en caída a lo siniestro, sale de repente sin pensar del centro de las tripas.

 

Por Osvaldo Baigorria

(1) Título del original enviado a la revista Ñ. El editor lo reemplazó por “Feos, sucios y románticos” y bajo este título salió publicada el 3 de enero de 2009 la primera reseña de Continuadisimo en los medios.
(2) Seudónimo (¿o nombre nuevo?) de Fernando Varas Toledo, locutor y guionista de radio y TV del ISER que a fines de los 90 empezó a vestirse de mujer, ya cerca de los treinta años. Un nombre nuevo para el “hombre nuevo” o, mejor, para huir de la partida de nacimiento, esa marca de yerra del patrón que identifica a toda criatura con su sexo. Travestirse para des-identificarse, porque el devenir mujer es la madre de todos los devenires: de ella se pasa al tránsito, a la fuga de una identidad para toda la vida, a cada nuevo nacimiento del cuerpo hacia aquello que ya no es hombre ni mujer. “Mirá aquello” señalaría alguna vecina de San Telmo. “¿Es un hombre, una mujer o qué’”. Respuesta: es qué.

(3) “Besos en la cola” sería algo así como un saludo típico de Naty, estampado en sus mails, cuentos o conversaciones. “Románticos del esfínter” es una expresión adaptada de “romántico del culo” con la cual María Moreno, en charla telefónica con el autor de estas notas, refirió alguna vez al personaje-narrador que aparece en varios cuentos de Continuadísimo. Podría discutirse la adscripción a un romanticismo popular  matizada por un sarcasmo que combate toda ingenuidad ipso facto. En contra de la discriminación por género, edad, nivel educativo o identidad cultural, en estos relatos flamea una bandera que es al mismo tiempo justiciera y escéptica. Como diciendo: ojo con creértela y hacerles el campo orégano a los caretas. En la última marcha del Orgullo GTLBI, Naty Menstrual portaba un cartel que decía “Lamida de culo gratis”.

(4) Por “obsceno” debe entenderse literalmente a aquello que señala el diccionario: que ofende al pudor dominante, provoca repulsión o repugnancia y está vinculado a la suciedad y a la basura, especialmente en contacto con el sexo. Por “apto para todo público” debe entenderse que el lenguaje no deja a nadie afuera, es transparente, pone en claro lo que se dice de inmediato. Y también que, aun cuando se presente como “trava lit”, esta no es “literatura para travestis” ni para otros iniciados en ningún ghetto, ni para aquellos que tengan lecturas previas para decodificarla o compartan un universo cultural especifico, excepto el del idioma argentino contemporáneo. Naty pinta su aldea con un lenguaje que llega a todos no porque suscite identificación con sus personajes  -como se dijo, algunxs pueden repugnar u ofender- sino porque se ofrece como inmersión en el bajo fondo, en el fondo del Bajo, ahí donde (todos sospechan) que pueden coexistir cerdos y reinas, incluso en el mismo cuerpo. Pensemos a este descenso de nivel en una (improbable) comparación con el ascenso de Las teorías salvajes de Pola Oloixarac, que podría calificarse no como apta para todo público sino como inconveniente para mayores (de X años) y para no iniciados en cierto campo de lecturas. En décadas pasadas, un censor probablemente hubiese prohibido a Las teorías… y enviado a la hoguera a Continuadísimo.

(5) Ese sentido del humor es lo que (hoy) salva al libro de la hoguera. Ya que no es “alta literatura” (aquí, “alto” y  “bajo” no deben entenderse como signos de valoración sino como mera descripción de rasgos físicos), tiene así la libertad de bromear a lo bestia, procaz, sin el imperativo de la elegancia ni el guiño a la inteligencia del lector. Más que risita irónica, carcajada: un gesto corporal directo e involuntario: de pronto te cagás de risa. Escenas memorables: Marlene Brigitte vuelve de bailar sin un centavo y con los tacos en la mano, recordando una orgía con cinco chicos en la disco, y mientras se le cae  la baba del recuerdo de la cogida, en un traspié de la emoción pisa un sorete de perro. Algo que le puede pasar a cualquiera, pero está descalza! Y al darse cuenta, vomita: “Lo único que le faltaba, cantó bingo y cartón lleno. Se miró la planta del pie descalzo embarrado de mierda blanda y como pudo corrió hasta el primer cuadrado de pasto que encontró. Se cruzó con agua en un cordón y metió el pie para lavárselo. Siguió caminando perseguida por el olor, encima de borracha y vomitada, ahora con ese olor. Mundo de mierda, nunca mejor dicho”. O la protagonista de “Amado Kombucha” que era tan fea y se tiraba pedos y se le formaban rastas en los pelos del culo…  y como lógicamente andaba siempre sola, aprendió a entonar con el orto: “Aprendí a hacerle cantar cucurrucucú paloma… cucurrucucú palometa era… pero el problema es que el cucurrucucú a veces era largo y se me salía un poquito de sorpresita… y sentía el fresquito corriéndome entre la pierna hasta llegar al zapato… entonces llegaba rapidito hacia casa… plash plash plash… me seguían las moscas… muchas moscas… miles de moscas…y todavía me volvía más fea… con caca de moscas infectándome los forúnculos de la jeta”. Hay chistes –de mocos, por ejemplo- que me dan un poco de asco, pero en general atravieso el umbral de la repulsión fácilmente hacia la risa, sobre todo porque me imagino a lx narradorx como comediante escatológicx, haciendo un monólogo picado y delirante sobre un escenario popular. Ahí donde el humor surge como “la forma más inteligente de adaptación ante un dolor impostergable”, según escribe Naty en una secuencia que evoca a Lemebel (lo hubiera o no leído antes) y a sus locas del sidario.

(6) Otra idea afanada de una conversación con María Moreno. Aunque algunos mencionaron –y la propia Naty, en entrevistas- a Arlt o a Bukowsky, parece natural que no aparezcan huellas visibles de la tradición. Lo de Copi es quizá una exageración, además creo que Naty nunca lo leyó. Pero eso no quiere decir que las lecturas de otros no hubieran influido sobre su oído de fin de siglo.

(7) Soda Stéreo, en “Prófugos”, dice: “no seas tan cruel/siempre seremos prófugos los dos/no tenemos dónde ir/somos como un área devastada/carreteras sin sentido/religiones sin motivo/cómo podremos sobrevivir”. La pregunta última es la que perdura. Una respuesta posible es: con el humor de Naty.