Discontinuadísimo
Al salir de mi trabajo, tras un largo día en el que como de costumbre reina el calor y la humedad en Buenos Aires, aumentando mi mal humor, mientras secaba mi frente con el puño chorreado de transpiración de mi camisa abierta hasta pasado el pecho, decidí volver a casa a pie. Pero no tuve “mejor idea” que hacerlo por Av. Santa Fé. Avenida en la que los homosexuales desfilan de forma exótica. Y aterrado por la infinidad de disparates que tuve que soportar camino a casa, al tropezar con una baldosa de mierda en mal estado, cayó de mis manos el patético libro que terminé anoche...
El tema era llegar a casa, cenar, estar con mi hija y mi mujer y luego, cuando realmente comienzo a vivir, me permitiría escribirle a mi amigo una critica sobre el libro de Naty Menstrual que me pidió que hiciera, motivado en la confianza que tiene en mis puntos de vista. Pero me atrevo a rectificar que no soy un hipócrita, que estoy harto de vivir en un mundo en el cual no me importa seguir soportando semejantes boludeces de enfermos mentales como las de este travesti hijo de puta –lo digo con respeto—. Yo me preguntaba, a medida que transitaba Santa Fé casi llegando a Junín: ¿qué mierda le pasa a esta “gente”? ¿cómo se le ocurrió a este infeliz escribir semejante disparate? La verdad es que más allá de lo que este tipo tenga en la mente –o, mejor dicho, “Naty Mestrual”-, hoy si no sos hipócrita quizás seas facho, porque ser conservador es sinónimo de nazi y ser homosexual ya no es un tabú. Es que está de moda. Pero más allá de que biológicamente no se puedan reproducir, cada vez son más, no sé cómo, pero cada vez son más. El tema es que hasta publica un libro esta persona, con la misma impunidad característica de los homosexuales. Y ya no estamos hablando de homosexuales artistas en el campo de la literatura que admiro, como Oscar Wilde o Rimbaud o Verlaine o el poeta cubano Arenas (que, por cierto, tuvo que huir de Cuba en los años 70 ya que la denominada nueva generación de revolucionarios truchos mandaba a fusilar a los homosexuales en campos de concentración, comandados estos por el famoso terrorista Che Guevara). Mas allá de todo esto que venía pensando por Avenida Santa Fé, se me dio por hacer un parate en Callao, a la altura de Córdoba, para comprar una gaseosa fría cuando vencido por esta puta humedad de mierda empecé a sentir la falta de fuerzas. $4,50, me dijo un viejo gordo al darme un sorbete mientras de reojo me dijo sorpresivamente: qué buen libro ese, querido. Enseguida comprendí la homosexualidad de este viejo; luego de mis diez pesos de vuelto entendí que me yiró un poco queriendo tantear si lo era yo también: por cierto, según su puto razonamiento, al leer esta mierda debería ser puto yo también. Le respondí con desprecio que no me cae bien esta gente y me fui, mientras con su sonrisa de mierda ese viejo hijo de una gran puta y encima puto, no dejaba de mirarme el ojete. La concha de mi madre, dije, mientras apoyaba un tercio del culo en un banco de Callao y casi Viamonte, al lado de la heladería.
Después se me dio por releer lo que quedaba sin comprender del libro de mi querido travesti y volví a considerar que el texto era pésimo. No solo por la falta de calidad narrativa -y no lo digo creyéndome Borges (que escuché por ahí que se hacia empomar por Bioy Casares)- sino que esto lo sabe hasta un chimpancé. Pero me pareció innecesario el hecho de redactar las asquerosidades que hace con su vida. ¿A quién mierda le importan las miserias que pasó como puto reprimido? ¿Qué mierda quiso decir con el final del cuento que se queda mimando a otro asqueroso como él, luego de haberlo liquidado? ¿Sufre por ser puto? ¿No se siente dentro de este mundo, por cierto, bastante de mierda? Pero si es así, ¿por qué no escribió cuentos fantásticos, o alguna novela negra, o algún cuento para chicos, o qué sé yo qué mierda? A que seguro debe trabajar bajo efectos de algún estupefaciente. Quizás, hasta me atrevería a decir, obviamente con mucho respeto, que se prostituye, chupando garchas por 20 mangos. En si eso no me importa y es la verdad. Lo que me importa es el texto en sí y Naty sabrá comprender que este calor me pone nervioso.
Llego a casa, estoy cenando, decido poner algo en la tele que me entretenga pero no encuentro nada. Curiosamente mi mujer hoy no me está rompiendo las pelotas como de costumbre, censurando mis humildes apreciaciones de las cosas que suceden en mi maravilloso país. Pero algo raro llamó mi atención en un canal por cierto más raro aún. Un terrible puto haciendo una conferencia de prensa, contando cómo se lo culeaba el padre o el tío o valla uno a saber qué otro puto como él. Y resulta ser que es el sobrino del más grande de los putos de la Argentina, el putísimo Roberto Piazza. Puto alcahuete que escribió un libro en el cual también cuenta como se lo cogían, haciendo cargo al otro pervertido de su putismo, pero esta vez acompañando al conchudo maricón de su sobrino más puto que él, nada más ni nada menos que en el colegio de abogados de la capital federal, lugar al que frecuento una vez por mes para pagar mi puta matricula de abogados y donde, sin serlo, me siento un puto también por como me rompen el ojete con la cuota. ¿Todo para qué? Para que este hijo de puta valla a contar en un lugar de esa magnitud cómo se lo empomaban. Será así ahora, ¿no? ¿Será que ellos también leyeron Continuadísimo? Pero, ¿cuál es la onda de escribir que te cogen hombres? ¿Cómo es la cosa de la literatura de hoy que nadie controla una mismísima mierda de lo que escribe un degenerado así? ¿Cómo es esto de la hipocresía? ¿Cómo me pudo decir a mí un boludo el otro día que es un buen libro? ¿Por qué es un buen libro? Si no está escrito con una dedicación en prosa, si no tiene palabras de literatura y ni siquiera pareciera tener género, ¿cómo es que esta persona decidió hacer publico semejante disparate? ¿Necesita que la gente sepa que coge, y con hombres? ¿Ni ella o él saben que no es mujer? Y si lo fuera, no considero que fueran las características básicas de una mujer.
Una vez terminada mi cena y una inevitable charla con mi esposa, decidí por esta sola noche prescindir de la compañía del libro de Sasturain que estoy leyendo. Así que volví a apoyar mi culo en el blanco sillón del living y cuando creí haber alcanzado la paz, se me dio por ver un documental, al pasar, del canal Infinito. El mismo trataba sobre una confusa relación de Hitler con uno de sus alcahuetes.
No necesitaba de tantas palabritas rebuscadas para entender que lo que querían decir era que al fhürer se lo empomaban a menudo. Parece extraño considerar a esta altura del partido que no lo fuera, pero lo cierto es que está confirmadísima mi teoría de que también Hitler era homosexual.
Con esto del alemán no solo quiero demostrar que los homosexuales son fachos, si no que también son resentidos sociales. Nunca conocí a algún homo que no me hable mal de un negro, de un judío, de un groncho y ni hablar de un travesti.
El tema es que me cuesta comprender cómo se da esto del cromosoma XXX al XXXY. Si así fuera de nacimiento, estaríamos frente a un fenómeno que no tendría explicación alguna más allá de que todos los hombres somos putos, pero también, bien machos. Como Alejandro Magno que ganaba guerras inganables, derrocaba imperios como los del rey Darío de Persia, dirigía la batuta, pero a la noche se hacía enterrar la batata. O casos como los de los alcahuetes de Jesús, que por ahí oí que San Pablo era el macho de San Pedro y es por eso que considero que hoy los curas se haces romper el ojete por pendejos o se los culean.
Tal es mi indignación, en este puto mundo, por esta situación que el solo hecho de haber perdido el sueño esta noche no sólo me llevo a escribir estas boludeces sino que también, seguro, estarán siendo leídas por otro homosexual, cariñosamente, puto.
No me puedo dormir, mi esposa está semi muerta y mi hija que espero no sea tortillera el día de mañana duerme con su ovejita celeste. Ovejita que no comprendo por qué no es rosa.
Porque de haber sido mi hija un varón, estaría bien que la ovejita fuera celeste, puesto que si durmiera con una ovejita rosa, seria a futuro, lo dicho en cuestión.
No me puedo dormir, como no quiero ver más la tele, ya que me pudrí de que la homosexualidad sea impune, me puse a hojear nuevamente Continuadísimo y me pregunto: ¿Por qué en sus cuentos los putos son el común denominador de las historias? Si yo fuera judío y escribiese un libro de cuentos, ¿mis personajes también serían moishes? Porque de ser así, estaría también comprometiendo, aunque sea ficcionalmente, a mis personajes en algo que quiero hacer entender que debería ser así porque “es así”. No, de ninguna manera, este travesti es un delirante mal, para él todos son putos y, la verdad, como no soy un tipo cerrado (así por lo menos me considero) entiendo que... ¿por qué no…? Él en algún momento fue hombre estéticamente hablando y por algo cambió, por algo se hizo puto, un puto resentido que escribe y publica y le publican disparates que hoy me hacen perder el sueño.
En fin, hoy fue un largo día, tan largo como la mía, y que seguro si Naty la viera, tendría mucho que contar en interminables páginas de asquerosísimos libros. Pero no sé si digo esto porque a esta altura de la madrugada ya estoy engomando y no puedo empernarme a mi mujer quien está muy feliz soñando, o será porque de tanto pensar boludeses estoy volviéndome puto. Digo esto por una curiosa situación que se me escapó contarle a mi querido Works. Hoy, cuando salí de mi putísimo trabajo, pasé por un shopping de Palermo en el cual los putos rinden culto con sus asquerosas gafas y maricones morrales que parecieran ser su uniforme. Es ley: si se observa a un masculino con morral, es seguro darlo por puto. Entro al shopping, subo al segundo nivel donde se encuentra una conocida librería y me llama la atención un pibe que no dejaba de mirarme como si me conociera de algún sitio. Me llamó la atención esta situación, pero enseguida comprendí que lo que le llamaba la atención a este boludo era el libro que traía de Naty. Por eso, cuando me paré en la vidriera, el tarado se me acercó haciéndose el que veía un ciopre, y amistosamente me pregunto donde conseguí el libro. Amablemente le respondí que me lo había regalado un amigo –y pensé, más puto que vos, o tan puto como vos—, que curiosamente, le dije, se parece a vos, es más, usa los mismos zapatitos blancos y tiene tu peinado Harry Potter. No me dijo nada pero me despreció con su mirada. Creo que este boludo se debe haber ofendido; pero si supiese que solo me pone mal el calor, me dije.
Como no pude dormir en toda la noche, pensando en Hitler y en Naty y en el boludo del shopping que, por cierto, me cayó simpático, les dedico este breve y humilde ensayito en el que considero no sólo que Hitler confirmadísimamente era homosexual, sino que Naty debería, por lo menos, escribir un segundo libro para cambiar mi opinión, ya que en su honor, le dediqué mi día entero.
Por Pepe Argento
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