
ENFERMOS DE AMOR
Esto no es ninguna película, sabes, amigo?
Nosotros tenemos el día
& ellos la noche
& tenemos que mirar bien
Dónde ponemos los pies:
Las carreteras están minadas
& en los caminos
Hay trampas explosivas,
Bombas y granadas
Esto no es ninguna película, sabes, amigo?
Nosotros tenemos el día
& ellos la noche
& caen helicópteros del cielo
& a veces volamos
Incluso con los muertos:
Ni siquiera están dentro de bolsas
Ni siquiera
Les han cerrado los ojos
Esto no es ninguna película, sabes, amigo?
Nosotros tenemos el día
& y ellos la noche
& y somos tan responsables
Por todo lo que vemos como
Por todo lo que hacemos
No creo
Que las niñas mayores
Deban andar solas
Por estos espantosos bosques:
Sus animales
Están enfermos de amor.
GINEBRA
También sufrimos guerras
& prisioneros de guerra
Pero siempre respetamos
La convención de ginebra
& y nunca crecieron
Entre los gritos de la infancia
Claveles demacrados
EL GENIO
Un veintitrés de febrero
De mil novecientos ochenta y uno
Yo paseaba mis dieciséis años
Por unas sigilosas galerías
Del colegio de las cadenas
Cuando en eso me crucé
Con el habla entre colmillos
Las risitas maliciosas
& las lobas negras
De dos padres jesuitas que
& y no le echemos la culpa al frío
Venían frotándose las manos
Lámparas de Aladino
Lámparas de aceite maravilloso
Aunque el genio que ellos invocaron
Como esa misma madrugada se sabría
No se sintió en la obligación
De servirles.
ARS POLÍTICA
Los políticos
Estrechan la mano
Pero no la dan
CALABOZOS
Siete días en los calabozos,
Cuatro más
De los que su ley estipulaba
Siete días en los calabozos,
Con sus noches, insufribles:
La luz aquella:
Protegida por barrotes
& siempre de guardia
Nos despertaban a traición:
Una repentina lluvia de fuertes
E insultantes patadas:
Las que les asestaba,
Como puñaladas al corazón,
Un pestañí que quizá había visto
Demasiadas películas de Chuck norris
¡ si alguien tiene que ir al baño,
Que me lo diga y lo saco ¡
Entonces veías otra vez
La mesa de formica
A la que entregaste todas tus cosas
Cuando descendiste allí,
Incluso el cinturón y los cordones,
No fuese a entrarte una venada
Y trataras de quitarte la puta vida
Frente a la mesa, el tigre:
Había que dejar la puerta abierta
Y el madero
O bien se apoyaba en el quicio,
Sin quitarte la vista de encima
O bien se echaba a un lado,
Respetando algo más que tu intimidad
Después de mear,
De lavarnos al mano solo con agua
Y de echarnos una poca por la cara,
El carcelero,
Antes de volver a chaparnos
Aunque ya sabía más que de sobra
Que la respuesta iba a ser afirmativa,
Nos preguntaba:
¿tenéis ganas de fumar?
A ras del suelo,
En la pared de enfrente de cada charolo,
Dentro de cajetillas que cargaban
A la espalda con el mechero o las cerillas,
Las trujas de ducados, fortuna
Winston americano de contrabando
Se consumían de impaciencia
Pues el que las tenga,
Decía entonces aquel hijoputa,
Que se tire al suelo
& me haga treinta flexiones
Un plajo
A cambio de la poca dignidad
Que aún nos quedaba
No mucho después,
Nos traían el desayuno:
Un bocadillo de tortilla de patata
Que tenía el sabor
Del papel en que venía envuelto,
Pero del que no dejábamos ni las migas:
Tanto ejercicio físico
Había terminado por abrirnos
El apetito.
SOMBRA DE OJOS.
No dejó una rosa
En un vaso
En mi habitación
Porque se marchaba
Al entrar te cacheaban
Te desnudaban delante
De un guardia de seguridad
& te miraban las heridas
& los hematomas
Le recuerdo exultante
Con el pelo mojado
En la sala de fumadores
Porque se marchaba
Por las mañanas
Mujeres desnudas
Sonámbulas por los lavabos
Mujeres desnudas
A las que empujaban
A las duchas
Con una esponja
Previamente enjabonada
Vacas en el matadero
& de noche
A esperar por los pijamas
Con elástico
Por favor
Gracias
A esperar por los pijamas
De hombre
Le recuerdo exultante
Con el pelo mojado
En la sala de fumadores
Porque se marchaba
Luego las enfermeras
Que se celaban de mi ropa
& de mi maquillaje
Un día me llamaron aparte
Querían que les dijera
Mientras escarbaban
En mi neceser
Dónde había comprado
La sombra de ojos
Me dejó una rosa
En un vaso
En mi habitación
Porque se marchaba
& que corra el aire
Que corra el aire señores
Estaban prohibidas
Tajantemente prohibidas
Las relaciones personales
En el hospital psiquiátrico
Así que la verdad
No me arrepiento
Para nada
De haberle cortado
El cuello
A la rosa
Llenado el vaso
& con mi propia sangre
HOMBRES
Los que mandan
Los que obedecen
& los que huyen
Los que luchan no:
Los que luchan
Se vencen
Mandan
& si salen derrotados
Obedecen
Los que luchan no:
Los que mandan
Los que obedecen
& los que huímos
MOVE IT ON OVER
Mientras suena Move it on over,
No dejo de pensar
En el autor de su letra y música,
En su muerte más que nada:
El Shakespeare de los campesinos
Murió el día de año nuevo de 1953,
Camino de un bolo en un cuchitril
El Shakespeare de los montañeses
Murió en el asiento trasero de su Cadillac
Azul:
El sombrero Stetson
Caído sobre la frente
La guitarra, a un lado,
Una botella de whisky al otro
A sus pies
Un frasco de clorhidrato de morfina.
Mientras suena Move it on over,
No puedo dejar de pensar
En la amarga despedida de Hank Williams:
Nunca llegó a saber
Que con este tema, con Move it on over,
Había inventado,
Adelantándose siete años en el tiempo,
El rock n roll
Lo más probable, tal y como leí en un libro,
Es que en el momento de su muerte
Ni siquiera fuera consciente
De que acababa de entrar
En un año
Nuevo.
BANDERAS
Su amiga Merche pasó de decir:
¡ pero si acabas de conocerle!
¿ Cómo te vas a ir con él?
A indicarnos nuestro cuarto
& hacernos la siguiente advertencia:
No manchéis las sábanas
El cuarto era espartano.
Una silla, una mesa camilla,
Una estantería con libros
Manual básico de lenguaje
& narrativa audiovisual
Los anormales:
Curso en el collage de france
Técnicas del montaje cinematográfico
Un armario empotrado
& una cama de cero noventa
Esto no me había pasado nunca, quillo.
La puerta no cerraba bien,
Arrastré la silla y la puse delante
Qué haces, me preguntó Sofía
Nada
¿por qué pones ahí la silla?
La puerta, que no se cierra
No va a entrar nadie, quitala
Me desvestí de espaldas a ella,
Apalanqué la guita en los picantes
& luego la ayudé con el sujetador
Un sujetador invisible
De un solo uno
Quítame las bragas también
¿Cómo describir el coño de Sofía?
Vello púbico de alambre
Negro como un eclipse de sol
Tendría que haberme depilado
Estás muy bien así
Cuando terminamos,
La luz se encendía
En las rendijas de la persiana
Safira se palpó los muslos
¡Mucho me he mojado!
Las sábanas también.
Había sangre por todas partes,
Incluso en la funda de la almohada
¡quillo, me has desvirgado!
No me digas que eras virgen
¿No lo estás viendo?
Será que te bajó la regla, pensé.
Y si me habías dejado embarazada
No te ruques, tía, anda
Vamos a ver si sobamos un poco, ¿vale?
Despertamos a las dos horas.
Me levanté y subí la persiana,
La luz casi me ciega.
Luego comprobé que el dinero
Estaba donde lo había dejado
y Después fui descalzo a la cocina
y traté de encender el calentador de gas
pero no había manera, no fui capaz.
¡Pero si no has abierto la bombona!
¿Cómo quieres que se encienda?
Cuando salimos de la ducha,
Merche estaba recogiendo las sábanas.
Te voy a matar, me dijo, y a Safira:
Ahora tendremos que lavarlas
Cuanto antes lo hagamos mejor,
Para que por la noche estén secas.
Así que conmigo a la bañera, andando.
Me vestí, desayuné, les dediqué mi libro
Después pasé por el baño a despedirme de ellas
Estaban de rodillas,
Frotando a conciencia,
Así que me agaché para darle un beso a Safira.
Te llamo después de mi recital
Quedamos para esta noche
Suerte, me dijo Merche.
Acuérdate de llamar, me dijo Safira.
Salí a la calle
Y encendí un truja.
No sabía ni en dónde estaba
Ni por dónde había llegado hasta allí
Y además tenía una resaca espantosa.
Pero hacía un día esplendido,
Lleno de luz, de fuerza y de vida
Y yo solo tenía treinta y tres años,
Era joven
Era poeta,
Me encontraba a casi mil kilómetros de casa
Y la poesía de la vida era hermosa,
Hermosa de verdad,
Y Entonces me pareció escuchar mi nombre
¡Davida, eh, Davdi! ¡David!
Y me cayó una gota de agua en la cabeza
Y miré hacia arriba
Y me cayó otra gota en la cara
Y entonces las vi
Sábanas blancas,
Con la cara recién lavada
Desplegándose al sol
LOS BUENOS TIEMPOS
Bailemos por los que no pueden
Le escribí en un correo electrónico
A Violeta Pérez
Brillante actriz
Que interpretaba en una película
El mismo papel
Que interpreté yo en la vida real
Bailemos por los que no pueden
Con esta oración en la cabeza
Violeta Pérez
Actriz de raza
Metiéndose en la tristeza
Que requiere su personaje
Se encuentra en la plaza de Santa Ana
Con un matrimonio ya mayor
Uno de esos que
Pasados los años
Continúan queriéndose de verdad
Pero a lo que vamos
Me comenta Violeta
Los dos eran
Inválidos
Paralíticos
Minusválidos físicos
Llámalos como quieras
E iban en sillas de ruedas
De esas que se manejan con un mandito
Porque en sus brazos también sufrían
Parálisis
Y bueno
Me quedé frente a ellos
Paralizada
Porque tu frase me dio en la cabeza:
Bailemos por los que no pueden
Sí
Violeta
Guapísima
Bailemos por los que no pueden
Como estos dos ancianos
Que a pasar de su parálisis
Bailan con sus dedos
Mientras se buscan
Las manos
FIGURA
La rambla
Cristóbal colón
Port well
Agua
Y sobre el agua
Un pedestal
Y sobre el pedestal
Una figura
De color blanco
Que
A merced de la corriente
Gira una y otra vez
Sobre sí misma
Una figura
No lo dudes
Conformista
Y egocéntrica
De día
Su mirada
En el sol
Y de noche
En las estrellas
La figura
En definitiva
Representa
A un hombre
Y digo representa
Porque a pesar de lo que pueda parecer
No lo es
Un hombre
Y lo que yo no entiendo
Por un hombre
No se queda
Ante las injusticias
Que la sociedad comete
Con la mirada puesta
En el cielo
En las estrellas
Girando sobre sí mismo
A merced de la corriente
De brazos cruzados.
TRIBUNAL
Bad iburg
Ding Platz
Y justo enfrente
Al otro lado
De las cosas
De la cuesta
Que conduce
Al castillo
De origen medieval
En un soleado jardincillo
Una enorme piedra
Señala e lugar en que
Según un plano de 1778
Se encontraba en la Picota
O Estaca o Palo de Pena:
Desde el siglo XVI
Y Hasta 1848
Los delincuentes
Incluso por faltas menores
Sujetos con argollas
Eran expuestos
A la burla del pueblo
Para su vergüenza
(la del pueblo)
En la misma ding Platz
O plaza del tribunal
Los mismos árboles
Los mismos siete tilos
Bajo cuya sombra
Se reunió desde 1225
y hasta la última
condena a muerte en 1817
el tribunal de iburg
desde entonces
y por suerte para todos nosotros
son los estornios
los gorriones
los pinzones
los tordos
los que desde al copas
de estos siete árboles
dictan
sentencia.

MALDITO
En la india
Las vacas
Son
Animales sagrados
En la india
Los tigres
Son
Animales sagrados
Y de hecho
Hasta que no asesinan
A unas siete
U ocho personas
No se decide
Salir a darles
Caza
Y muerte
En la india
Me temo
Todos o casi todos
Los animales
Incluso las ratas
Son sagrados
Todos
Excepto uno.
EL POEMA
La anciana hablaba con su marido
Con una voz lo suficiente
Mente
Clara
Como para que yo,
Que había llegado antes para ocuparme del
Micrófono
Pudiese entender, con absoluta claridad,
Lo que decía.
Lo que le decía delante de la fosa común
Número tres
Del cementerio de Ceares, en Gijón, Asturias.
Lo que le preguntaba:
¿Por qué a ti, cariño?
¿Por qué tuvieron que hacerte eso, mi amor?
Con lo bueno que tú fuiste siempre,
¿por qué tuvieron que asesinarte de esa forma?
¿por qué, mi vida, por qué?
Aquella mujer, de Santander, hablaba con su
Compañero
Como si este aún se encontrase con ellos entre
Los vivos
Y no allí,
En la fosa común número tres,
Solidario con los restos de sus camaradas
Republicanos.
¿Por qué a ti, corazón?
¿Por qué tuvieron que asesinarte de esa manera
Si tú nunca le hiciste mal a nadie?
¿por qué, vida, por qué?
Por eso precisamente, señora. Porque no le hizo
Mal a nadie.
Por eso lo bajaron. Porque era bueno.
Y ellos,
Ellos no.
Sin embargo, en vez de acercarme y decírselo,
Eché un candado a mis labios y me alejé de la
Guerra.
A eso del mediodía, se celebraba un acto
Conmemorativo
Del setenta y seis aniversario de la II República
Y yo tenía que leer
Un poema.
HOJAS
El otro día
Por la calle
Al agacharme
Para pasar
Por debajo
De la ramas
Y de las hojas
De no sé
Qué árbol
Pensé
Que no lo hacía
(agacharme)
Solo por evitar
Que mis rizos
Se enredasen
En sus ramas
O en sus hojas
Pensé
Que al agacharme
Le estaba haciendo
Una reverencia
Al árbol
Y mostrándole
Mi respeto
A la naturaleza
O A lo que de ella
Aún permanece
AISHA
Aisha
Como la de la canción
Dice ella cuando beñat arginozoniz
Se la presenta a los poetas
David gonzalez
& Vicente muñoz Álvarez
A la puerta de la librería Elkar
En el casco viejo de Bilbao
Aisha
Bereber
Ex bailarina profesional
Cuarenta y ocho años
Y de esos cuarenta y ocho
Más de uno en coma profundo:
Su marido intento asesinarla
Estrangulándola
Hasta reducir
El caudal de su potente voz
A este frágil hilillo que nos dice:
Solo bebo mosto
infusiones de marihuana
aisha
beréber
cuarenta y siete
y una estrella
una estrella de oro BLANCO
de cinco plumas
engarzada en uno de los BLANCOS dientes
de su limpia BLANCA e impoluta dentadura
antónima a la mía
una estrella que resplandece
cada vez que ella
aisha
toma la palabra o sonríe
aisha
pero no como la canción
como la de la canción no
mejor que la de la canción de Yamal
porque tú
aisha
aisha
ecoutez-mi
aisha
aisha
ecoutez-mi
aisha
aisha
ecoutez-mi
Escúchame:
Tú eres la canción
Música
Para los poetas
ADMISION
A pesar
De la melena rizosa
De los dátiles de acero y plata
De los chinazos en el antebrazo
Y de los tatuajes talegueros
Bien visibles
En manos muñecas y hombros
A pesar de todo esto
Ninguna mujer
Sea de la edad que sea
Cuando me ve ir hacia ella
Por una calle callejón o callejuela
Incluso si es de noche
Y no se ve un alma
Ninguna mujer, repito
Sujeta ya con firmeza
aprieta contra sí
como en otros tiempos
su bolso.
CERA
Acabo
De encenderle
Tres velas
a san David
patrón de los poetas
para que te cuide
me dice una amiga:
y después añade:
estoy en medio
de una tormenta
COMPORTAMIENTO
En un principio,
Cuando aún eran poetas,
La obedecían.
La mujer daba unas palmadas
Les decía: venga,
Quiero veros a todos ahora mismo
Desfilando hacia nuestra casa,
Que ya es hora…
Y por extraño que pueda parecer
Ya te digo, la obedecían.
Pero después,
Cuando se multiplicaron en número
Y crecieron en tamaño
Dejaron de marchar
Al paso que les marcaba
La mujer de las palmas
Y los habituales empezaron a fijarse
En unas manchas negras y rojizas
Que correteaban por el mostrador
Se subían por las blancas paredes.
Aún así
La mujer de los manotazos
Seguía en sus trece,
Seguía negándose a llamar
A un exterminador.
Sin embargo,
El tema llegó a tales extremos
Que termino degenerando en
Ellas o
El negocio
El exterminador
No parecía en nada a William S. Burroughs
Ni era alto
Ni tampoco extremadamente delgado;
De hecho no medía mucho más allá
Del metro con cincuenta y dos centímetros
De la mujer del bar
Que, por causa de su baja estatura
Se había visto obligada
A colocar detrás de la barra,
Sobre las baldosas del suelo
Unas plataformas de tablas
Debajo de las cuales se reproducían
Y propagaban
Las cucarachas.
Cuando el exterminador
Levantó el primer palé,
No sentí asco ni nada parecido
Pero me vinieron a la memoria
Redadas en antros de la mala muerte:
Perros policías, sus amos
Y cantidad de gente de la mala vida
Huyendo en todas las direcciones,
En busca de una escapatoria
Pero con este exterminador
No había escapatoria posible.
Hacía bien su trabajo.
Cada dos o tres metros,
Colocaba unas diminutas bolitas
De una especie de pasta pegajosa
Que contenía feromonas:
Sustancias secretadas por un insecto,
Un ortóptero en el caso que nos ocupa,
Que actuaban sobre el comportamiento
De insectos de la misma especie.
De esta manera,
Cuando una cucaracha
Ingirió el primer bocado,
Enseguida apareció otra
Que se la comió viva a ella y así,
Las cucarachas fueron comiéndose vivas
Unas a otras,
Cadáveres de cientos de cucarachas
Hasta que solo quedamos con vida
La mujer del bar
El exterminador
Y yo.
HERENCIA
Un estanco, y dentro, la estanquera,
Una anciana en silla de ruedas,
La muchacha sudamericana que la empuja,
Dos tías muy jóvenes para mí
Y la anciana en silla de ruedas, rubia y delgada,
Que advierte mi presencia y grita
¡Pero qué hombre más guapo!
Le sonrío por educación y la anciana en silla de
Ruedas,
Que en su tiempo debió de ser una auténtica
Preciosidad,
Me pregunta entonces abiertamente, en voz
Muy alta
¿Estás casado?
No, la verdad es que no.
¿Por qué no te casas conmigo? Te dejaría en
Herencia
Esta silla de ruedas
EL PEOR INSULTO
Asistí
Desde muy temprana edad
Y desde un lugar privilegiado
A la puesta en práctica
Del siempre popular
Arte del insulto o espelleye.
Algunas de las mujeres de mi calle,
Tenían la saludable costumbre
De arreglar sus diferencias
Asomándose a las ventanas,
Balcones y corredores de sus casas
Luego, a cara perru, con descaro,
Ponerse a ventilar, por ejemplo,
Las sábanas conyugales de sus vecinas
Y sacudirlas encima
Las piedras
Por las que, se decía,
Se las habían pasado
Y todavía se las pasaban,
Y no sus maridos precisamente.
Más adelante, hube de vérmelas
Con el vocabulario
De una cantidad considerable
De hijos de la gran puta
De toda clase y condición
Con esto, solo quiero darte a entender
Que, si la ocasión lo requiere,
No soy de los que se lavan la boca con jabón
Soy de los que escupen las palabras más dañinas
Si de lo que se trata,
Si de lo que estamos hablando
Es de causarle a alguien, a quien sea,
El mayor daño emocional posible.
Pero es ahora, a los cuarenta y cuatro años,
Cuando por fin acierto a entenderlo:
El insulto, el peor insulto,
Es decirle a la otra persona,
Decírselo mirándolo a los ojos,
Te quiero
Cuando sabes fijo, positivamente fijo,
Que no lo estás diciendo
De corazón.
PARADISO
Ayer por la mañana,
Sábado, cuando venía
De la librería, de la mítica
Paradiso
En la calle de San Bernardo
Esquina con San Antonio
Un chavalito, un doblete,
Confundió a David Gonzalez
Con otra persona
con otra entidad mejor dicho:
¡Maná, eh, maná !
No será, me temo, la primera
ni la última vez que le confundan
¿Confundido?
Con otro
¿Con quién?
Con otro tío
¿Qué tío?
Otro tío
el otro sábado, domingo ya,
en un garito de Cimavilla,
se le acercó una pivita con un rotulador:
Tu eres Andrés Calamaro, ¿no?
David se llevó el índice a los labios.
¿Me firmas un autógrafo?
Abrazo fuerte y solidario
de Andrés Calamaro
escribió David
en la camiseta blanca, sin mangas,
que la chorbita aquella llevaba puesta
y después le devolvió su rotulador
negro.
Eres Maná, repite el chavalito, alucinado.
Sí, le sonríe David
y sin aminorar ni desviar el paso
levanta su brazo
al tiempo que el chaval hace lo propio
y sus manos, las palmas de sus manos,
se encuentran, se reconocen, y chocan,
restellando de alegría,
como un petardo en un día de fiesta.
Sin embargo, David es David. No Andrés
ni el Maná
ni el de los Reincidentes
ni tampoco el de los Ramones
David.
Que además es poeta.
Poeta, joder. No cantante. Poeta.
Y como tal, como poeta,
yo sé que David González
tiene las manos manchadas de tinta
y sé
(me lo ha dicho)
que no pierde la esperanza
ya verás, ya lo verás y si no al tiempo
en que llegue el día
en que alguien, quien sea,
por la calle o en donde sea,
en la libería Paradiso, por ejemplo,
le confunda
consigo mismo.
MUSAS
Entra en mi estudio
y echa un vistazo a su alrededor,
presentando especial atención,
e interés
a la Mala Rodriguez
a Women sitting on blue robe,
de Amedeo Modigliani
al cartel de Christiane F
y a las imágenes de estos cuatro tabiques:
una de una bailarina mora
en los últimos pasos de la danza de los siete
velos
acuerela de mi colega Antonio G. Villarán,
dos de Jill,
personaje de cómic del dibujante Enki Bilal,
y tres de la poeta norteamericana Denise Duhamel
Da dos pasos
y con los brazos cruzados detiene su mirada
en las postales que decoran mi escritorio:
Seductive girl, de Roy Lichtenstein,
una mujer anónima desnuda
en un estudio de París,a principios del siglo XX
y una señorita que cruza una calle de Berlín
tapándose de la lluvia con su bolso de piel.
Da otro paso y me pregunta:
y la del ordenador ¿quién es?
La mujer abisinia del poeta maldito Arthur
Rimbaud.
Tienes todo esto, dice, tu estudio me refiero,
lleno de fotografías de mujeres de todo tipo, pero,
añade antes de irse, ninguna, ni una sola, de mí.
EXCUSA
no, yo no trabajo
en una fábrica de armas
ni levanto muros de cemento armado
o redes de alambre espino
no, yo no trabajo
en ese ramo de la construcción
ni soy el brazo de la ley
que trata de llegar al cuello
o a las ropas de inmigrantes ilegales
cuando tratan de pasar por encima
de esos muros y alambradas
ni tampoco soy,
en otro orden de cosas,
el gancho, la porra, el rifle, o el arpón
que asesinan a sangre fría
focas, ballenas, o cualquier otra especie
animal que se les ponga por delante
no, yo no trabajo en ninguna de esas historias
o e otras por el estilo
no, lo lamento,
yo no tengo vuestra excusa:
yo no tengo
crías que alimentar
PROFETAS
nadie es profeta en su tierra
hasta que no se encuentra
enterrado bajo ella.
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