ENFERMOS DE AMOR

 

 

Esto no es ninguna película, sabes, amigo?

 

Nosotros tenemos el día

&    ellos la noche

 

&    tenemos que mirar bien

Dónde ponemos los pies:

Las carreteras están minadas

&    en los caminos

Hay trampas explosivas,

Bombas y granadas

 

Esto no es ninguna película, sabes, amigo?

 

Nosotros tenemos el día

&    ellos la noche

 

&    caen helicópteros del cielo

&    a veces volamos

Incluso con los muertos:

Ni siquiera están dentro de bolsas

Ni siquiera

Les han cerrado los ojos

 

Esto no es ninguna película, sabes, amigo?

 

Nosotros tenemos el día

&    y ellos la noche

 

&    y somos tan responsables

Por todo lo que vemos como

Por todo lo que hacemos

 

No creo

Que las niñas mayores

Deban andar solas

Por estos espantosos bosques:

 

Sus animales

Están enfermos de amor.

 

GINEBRA

 

 

También sufrimos guerras

&    prisioneros de guerra

Pero siempre respetamos

La convención de ginebra

&    y nunca crecieron

Entre los gritos de la infancia

Claveles demacrados

 

 

 

EL GENIO

 

 

Un veintitrés de febrero

De mil novecientos ochenta y uno 

Yo paseaba mis dieciséis años

Por unas sigilosas galerías

Del colegio de las cadenas

Cuando en eso me crucé

Con el habla entre colmillos

Las risitas maliciosas

&    las lobas negras

De dos padres jesuitas que

&    y no le echemos la culpa al frío

Venían frotándose las manos

Lámparas de Aladino

Lámparas de aceite maravilloso

Aunque el genio que ellos invocaron

Como esa misma madrugada se sabría

No se sintió en la obligación

De servirles.

 

 

 

ARS POLÍTICA

 

 

Los políticos

Estrechan la mano

Pero no la dan

 

 

 

CALABOZOS

 

 

Siete días en los calabozos,

Cuatro más

De los que su ley estipulaba

 

Siete días en los calabozos,

Con sus noches, insufribles:

La luz aquella:

Protegida por barrotes

&    siempre de guardia

 

Nos despertaban a traición:

Una repentina lluvia de fuertes

E     insultantes patadas:

Las que les asestaba,

Como puñaladas al corazón,

Un pestañí que quizá había visto

Demasiadas películas de Chuck norris

 

¡ si alguien tiene que ir al baño,

Que me lo diga y lo saco ¡

 

Entonces veías otra vez

La mesa de formica

A la que entregaste todas tus cosas

Cuando descendiste allí,

Incluso el cinturón y los cordones,

 

No fuese a entrarte una venada

Y    trataras de quitarte la puta vida

 

Frente a la mesa, el tigre:

Había que dejar la puerta abierta

Y    el madero

O    bien se apoyaba en el quicio,

Sin quitarte la vista de encima

O    bien se echaba a un lado,

Respetando algo más que tu intimidad

 

Después de mear,

De lavarnos al mano solo con agua

Y    de echarnos una poca por la cara,

El carcelero,

Antes de volver a chaparnos

Aunque ya sabía más que de sobra

Que la respuesta iba a ser afirmativa,

Nos preguntaba:

 

¿tenéis ganas de fumar?

 

A ras del suelo,

En la pared de enfrente de cada charolo,

Dentro de cajetillas que cargaban

A la espalda con el mechero o las cerillas,

Las trujas de ducados, fortuna

Winston americano de contrabando

Se consumían de impaciencia

 

Pues el que las tenga,

Decía entonces aquel hijoputa,

Que se tire al suelo

&    me haga treinta flexiones

 

Un plajo

A cambio de la poca dignidad

Que aún nos quedaba

 

No mucho después,

Nos traían el desayuno:

Un bocadillo de tortilla de patata

Que tenía el sabor

Del papel en que venía envuelto,

Pero del que no dejábamos ni las migas:

Tanto ejercicio físico

Había terminado por abrirnos

El apetito.

 

 

      

SOMBRA DE OJOS.

 

 

No dejó una rosa

En un vaso

En mi habitación

 

Porque se marchaba

 

Al entrar te cacheaban

Te desnudaban delante

De un guardia de seguridad

&    te miraban las heridas

&    los hematomas

 

Le recuerdo exultante

Con el pelo mojado

En la sala de fumadores

 

Porque se marchaba

 

Por las mañanas

Mujeres desnudas

Sonámbulas por los lavabos

Mujeres desnudas

A las que empujaban

A las duchas

Con una esponja

Previamente enjabonada

 

Vacas en el matadero

 

&    de noche

A esperar por los pijamas

    

Con elástico

Por favor

Gracias

   

A esperar por los pijamas

De hombre

 

Le recuerdo exultante

Con el pelo mojado

En la sala de fumadores

 

Porque se marchaba

 

Luego las enfermeras

Que se celaban de mi ropa

&    de mi maquillaje

Un día me llamaron aparte

Querían que les dijera

Mientras escarbaban

En mi neceser

Dónde había comprado

La sombra de ojos

 

Me dejó una rosa

En un vaso

En mi habitación

   

Porque se marchaba

 

&    que corra el aire

 

Que corra el aire señores

 

Estaban prohibidas

Tajantemente prohibidas

Las relaciones personales

En el hospital psiquiátrico

 

Así que la verdad

No me arrepiento

Para nada

De haberle cortado

El cuello

A la rosa

Llenado el vaso

&    con mi propia sangre

 

 

 

HOMBRES

 

 

Los que mandan

Los que obedecen

&    los que huyen

 

Los que luchan no:

 

Los que luchan

Se vencen

Mandan

&    si salen derrotados

Obedecen

 

Los que luchan no:

 

Los que mandan

Los que obedecen

&    los que huímos

 

 

 

MOVE IT ON OVER

 

 

Mientras suena Move it on over,

No dejo de pensar

En el autor de su letra y música,

En su muerte más que nada:

 

El Shakespeare de los campesinos

Murió el día de año nuevo de 1953,

Camino de un bolo en un cuchitril

 

El Shakespeare de los montañeses

Murió en el asiento trasero de su Cadillac

Azul:

          El sombrero Stetson

 

Caído sobre la frente

La guitarra, a un lado,

Una botella de whisky al otro

A sus pies

Un frasco de clorhidrato de morfina.

 

Mientras suena Move it  on over,

No puedo dejar de pensar

En la amarga despedida de Hank Williams:

 

Nunca llegó a saber

Que con este tema, con Move it  on over,

Había inventado,

 

Adelantándose siete años en el tiempo,

El rock n roll

Lo más probable, tal y como leí en un libro,

Es que en el momento de su muerte

Ni siquiera fuera consciente

De que acababa de entrar

  

En un año

 

Nuevo.

 

 

 

BANDERAS

 

 

Su amiga Merche pasó de decir:

 

¡ pero si acabas de conocerle!

¿ Cómo te vas a ir con él?

 

A indicarnos nuestro cuarto

&    hacernos la siguiente advertencia:

 

No manchéis las sábanas

 

El cuarto era espartano.

Una silla, una mesa camilla,

Una estantería con libros

 

Manual básico de lenguaje

&    narrativa audiovisual

 

Los anormales:

Curso en el collage de france

 

Técnicas del montaje cinematográfico

  

Un armario empotrado

&    una cama de cero noventa

 

Esto no me había pasado nunca, quillo.

 

La puerta no cerraba bien,

Arrastré la silla y la puse delante

 

Qué haces, me preguntó Sofía

 

Nada

 

¿por qué pones ahí la silla?

 

La puerta, que no se cierra

 

No va a entrar nadie, quitala

 

Me desvestí de espaldas a ella,

Apalanqué la guita en los picantes

&    luego la ayudé con el sujetador

Un sujetador invisible

De un solo uno

 

Quítame las bragas también

¿Cómo describir el coño de Sofía?

 

Vello púbico de alambre

Negro como un eclipse de sol

 

Tendría que haberme depilado

  

Estás muy bien así

 

Cuando terminamos,

La luz se encendía

En las rendijas de la persiana

Safira se palpó los muslos

 

¡Mucho me he mojado!

 

Las sábanas también.

Había sangre por todas partes,

Incluso en la funda de la almohada

 

¡quillo, me has desvirgado!

 

No me digas que eras virgen

 

¿No lo estás viendo?

 

Será que te bajó la regla, pensé.

 

Y    si me habías dejado embarazada

 

No te ruques, tía, anda

Vamos a ver si sobamos un poco, ¿vale?

 

Despertamos a las dos horas.

Me levanté y subí la persiana,

La luz casi me ciega.

Luego comprobé que el dinero

Estaba donde lo había dejado

y     Después fui descalzo a la cocina

y     traté de encender el calentador de gas

pero no había manera, no fui capaz.

 

¡Pero si no has abierto la bombona!

¿Cómo quieres que se encienda?

 

Cuando salimos de la ducha,

Merche estaba recogiendo las sábanas.

 

Te voy a matar, me dijo, y a Safira:

 

Ahora tendremos que lavarlas

Cuanto antes lo hagamos mejor,

Para que por la noche estén secas.

Así que conmigo a la bañera, andando.

 

Me vestí, desayuné, les dediqué mi libro

Después pasé por el baño a despedirme de ellas

Estaban de rodillas,

Frotando a conciencia,  

Así que me agaché para darle un beso a Safira.

  

Te llamo después de mi recital

Quedamos para esta noche

 

Suerte, me dijo Merche.

 

Acuérdate de llamar, me dijo Safira.

 

Salí a la calle

Y    encendí un truja.

No sabía ni en dónde estaba

Ni por dónde había llegado hasta allí

Y    además tenía una resaca espantosa.

Pero hacía un día esplendido,

Lleno de luz, de fuerza y de vida

Y    yo solo tenía treinta y tres años,

Era joven

Era poeta,

Me encontraba a casi mil kilómetros de casa

Y    la poesía de la vida era hermosa,

Hermosa de verdad,

Y    Entonces me pareció escuchar mi nombre

 

¡Davida, eh, Davdi! ¡David!

 

Y    me cayó una gota de agua en la cabeza

Y    miré hacia arriba

Y    me cayó otra gota en la cara

Y    entonces las vi

 

Sábanas blancas,

Con la cara recién lavada

Desplegándose al sol

 

 

 

LOS BUENOS TIEMPOS

 

 

Bailemos por los que no pueden

 

Le escribí en un correo electrónico

A Violeta Pérez

Brillante actriz

Que interpretaba en una película

El mismo papel

Que interpreté yo en la vida real

 

Bailemos por los que no pueden

 

Con esta oración en la cabeza

Violeta Pérez

Actriz de raza

Metiéndose en la tristeza

Que requiere su personaje

Se encuentra en la plaza de Santa Ana

Con un matrimonio ya mayor

Uno de esos que

Pasados los años

Continúan queriéndose de verdad

 

Pero a lo que vamos

 

Me comenta Violeta

 

Los dos eran

Inválidos

Paralíticos

Minusválidos físicos

Llámalos como quieras

E     iban en sillas de ruedas

De esas que se manejan con un mandito

Porque en sus brazos también sufrían

Parálisis

Y    bueno

Me quedé frente a ellos

Paralizada

Porque tu frase me dio en la cabeza:

  

Bailemos por los que no pueden

   

Violeta

Guapísima

Bailemos por los que no pueden

   

Como estos dos ancianos

Que a pasar de su parálisis

Bailan con sus dedos

Mientras se buscan

Las manos

 

 

 

FIGURA

 

 

La rambla

Cristóbal colón

Port well

 

Agua

 

Y    sobre el agua

Un pedestal

Y    sobre el pedestal

 

Una figura

De color blanco

 

Que

 

A merced de la corriente

Gira una y otra vez

Sobre sí misma

 

Una figura

No lo dudes

Conformista

Y    egocéntrica

 

De día

Su mirada

En el sol

 

Y    de noche

En las estrellas

 

La figura

En definitiva

Representa

A un hombre

Y    digo representa

Porque a pesar de lo que pueda parecer

No lo es

 

Un hombre

Y    lo que yo no entiendo

Por un hombre

No se queda

Ante las injusticias

Que la sociedad comete

 

Con la mirada puesta

En el cielo

En las estrellas

 

Girando sobre sí mismo

A merced de la corriente

    

De brazos cruzados.

 

 

 

TRIBUNAL

 

 

Bad iburg

Ding Platz

Y    justo enfrente

Al otro lado

De las cosas

De la cuesta

Que conduce

Al castillo

De origen medieval

En un soleado jardincillo

Una enorme piedra

Señala e lugar en que

Según un plano de 1778

Se encontraba en la Picota

O    Estaca o Palo de Pena:

Desde el siglo XVI

Y    Hasta 1848

Los delincuentes

Incluso por faltas menores

Sujetos con argollas

Eran expuestos

A la burla del pueblo

Para su vergüenza

 

 (la del pueblo)

 

En la misma ding Platz

O    plaza del tribunal

Los mismos árboles

Los mismos siete tilos

Bajo cuya sombra

Se reunió desde 1225

y     hasta la última

condena a muerte en 1817

el tribunal de iburg

 

desde entonces

y     por suerte para todos nosotros

son los estornios

los gorriones

los pinzones

los tordos

los que desde al copas

de estos siete árboles

 

     

dictan

 

   

sentencia.

        

MALDITO

 

 

En la india

     

Las vacas

Son

Animales sagrados

 

En la india

 

Los tigres

Son

Animales sagrados

 

Y    de hecho

Hasta que no asesinan

A unas siete

U    ocho personas

No se decide

Salir a darles

Caza

Y    muerte

 

En la india

 

Me temo

Todos o casi todos

Los animales

 

Incluso las ratas

 

Son sagrados

 

Todos

Excepto uno.

 

 

 

EL POEMA

 

         

La anciana hablaba  con su marido

Con una voz lo suficiente

Mente

Clara

Como para que yo,

Que había llegado antes para ocuparme del

                                                    Micrófono

Pudiese entender, con absoluta claridad,

Lo que decía.

 

Lo que le decía delante de la fosa común

                                            Número tres

Del cementerio de Ceares, en Gijón, Asturias.

 

Lo que le preguntaba:

 

¿Por qué a ti, cariño?

 

¿Por qué tuvieron que hacerte eso, mi amor?

 

 

Con lo bueno que tú fuiste siempre,

¿por qué tuvieron que asesinarte de esa forma?

 

¿por qué, mi vida, por qué?

        

Aquella mujer, de Santander, hablaba con su

                                                  Compañero

Como si este aún se encontrase con ellos entre

                                                     Los vivos

Y    no allí,

En la fosa común número tres,

Solidario con los restos de sus camaradas

                                          Republicanos.

 

¿Por qué a ti, corazón?

        

¿Por qué tuvieron que asesinarte de esa manera

Si tú nunca le hiciste mal a nadie?

 

¿por qué, vida, por qué?

          

Por eso precisamente, señora. Porque no le hizo

                                           Mal a nadie.

Por eso lo bajaron. Porque era bueno.

                                               Y ellos,

Ellos no.

 

Sin embargo, en vez de acercarme y decírselo,

Eché un candado a mis labios y me alejé de la

                                                         Guerra.

A eso del mediodía, se celebraba un acto

                                               Conmemorativo

Del setenta y seis aniversario de la II República

                                            Y yo tenía que leer

Un poema.

 

 

 

HOJAS

 

          

El otro día

Por la calle

Al agacharme

Para pasar

Por debajo

De la ramas

Y    de las hojas

De no sé

Qué árbol

Pensé

Que no lo hacía

 (agacharme)

Solo por evitar

Que mis rizos

Se enredasen

En sus ramas

O    en sus hojas

Pensé

Que al agacharme

Le estaba haciendo

Una reverencia

Al árbol

Y    mostrándole

Mi respeto

A la naturaleza

O    A lo que de ella

Aún permanece

 

 

 

AISHA

 

 

Aisha

 

Como la de la canción

   

Dice ella cuando beñat arginozoniz

Se la presenta a los poetas

David gonzalez

&    Vicente muñoz Álvarez

A la puerta de la librería Elkar

En el casco viejo de Bilbao

 

Aisha

Bereber

Ex bailarina profesional

Cuarenta y ocho años

Y    de esos cuarenta y ocho

Más de uno en coma profundo:

Su marido intento asesinarla

 

Estrangulándola

 

Hasta reducir

El caudal de su potente voz

A este frágil hilillo que nos dice:

 

Solo bebo mosto

infusiones de marihuana

 

 

aisha

beréber

cuarenta y siete

y una estrella

 

una estrella de oro BLANCO

de cinco plumas

engarzada en uno de los BLANCOS dientes

de su limpia BLANCA e impoluta dentadura

antónima a la mía

 

una estrella que resplandece

cada vez que ella

aisha

toma la palabra o sonríe

 

aisha

 

pero no como la canción

como la de la canción no

mejor que la de la canción de Yamal

porque tú

aisha

aisha

ecoutez-mi

     

aisha

aisha

ecoutez-mi

 

aisha

aisha

ecoutez-mi

 

Escúchame:

  

Tú eres la canción

 

Música

Para los poetas

 

 

 

ADMISION

 

 

A pesar

De la melena rizosa

De los dátiles de acero y plata

De los chinazos en el antebrazo

Y    de los tatuajes talegueros

Bien visibles

En manos muñecas y hombros

A pesar de todo esto

Ninguna mujer

Sea de la edad que sea

Cuando me ve ir hacia ella

Por una calle callejón o callejuela

Incluso si es de noche

Y    no se ve un alma

Ninguna mujer, repito

Sujeta ya con firmeza

aprieta contra sí

como en otros tiempos

su bolso.

 

 

 

CERA

 

 

Acabo

De encenderle

Tres velas

a san David

patrón de los poetas

para que te cuide

 

me dice una amiga:

y     después añade:

 

estoy en medio

de una tormenta

 

 

 

COMPORTAMIENTO

 

 

En un principio,

Cuando aún eran poetas,

La obedecían.

La mujer daba unas palmadas

Les decía: venga,

Quiero veros a todos ahora mismo

Desfilando hacia nuestra casa,

Que ya es hora…

Y    por extraño que pueda parecer

Ya te digo, la obedecían.

 

Pero después,

Cuando se multiplicaron en número

Y    crecieron en tamaño

Dejaron de marchar

Al paso que les marcaba

La mujer de las palmas

Y    los habituales empezaron a fijarse

En unas manchas negras y rojizas

Que correteaban por el mostrador

Se subían por las blancas paredes.

 

 

Aún así

La mujer de los manotazos

Seguía en sus trece,

Seguía negándose a llamar

A un exterminador.

 

Sin embargo,

El tema llegó a tales extremos

Que termino degenerando en

Ellas o

El negocio

 

El exterminador

No parecía en nada a William S. Burroughs

Ni era alto

Ni tampoco extremadamente delgado;

De hecho no medía mucho más allá

Del metro con cincuenta y dos centímetros

De la mujer del bar

Que, por causa de su baja estatura

Se había visto obligada

A colocar detrás de la barra,

Sobre las baldosas del suelo

Unas plataformas de tablas

Debajo de las cuales se reproducían

Y    propagaban

Las cucarachas.

 

Cuando el exterminador

Levantó el primer palé,

No sentí asco ni nada parecido

Pero me vinieron a la memoria

Redadas en antros de la mala muerte:

Perros policías, sus amos

Y    cantidad de gente de la mala vida

Huyendo en todas las direcciones,

En busca de una escapatoria

 

Pero con este exterminador

No había escapatoria posible.

Hacía bien su trabajo.

Cada dos o tres metros,

Colocaba unas diminutas bolitas

De una especie de pasta pegajosa

Que contenía feromonas:

Sustancias secretadas por un insecto,

Un ortóptero en el caso que nos ocupa,

Que actuaban sobre el comportamiento

De insectos de la misma especie.

 

De esta manera,

Cuando una cucaracha

Ingirió el primer bocado,

Enseguida apareció otra

Que se la comió viva a ella y así,

Las cucarachas fueron comiéndose vivas

Unas a otras,

 

Cadáveres de cientos de cucarachas

 

Hasta que solo quedamos con vida

 

La mujer del bar

El exterminador

 

Y yo.

 

 

 

HERENCIA

 

 

Un estanco, y dentro, la estanquera,

Una anciana en silla de ruedas,

La muchacha sudamericana que la empuja,

Dos tías muy jóvenes para mí

Y    la anciana en silla de ruedas, rubia y delgada,

Que advierte mi presencia y grita

 

¡Pero qué hombre más guapo!

 

Le sonrío por educación y la anciana en silla de

                                                               Ruedas,

Que en su tiempo debió de ser una auténtica

                                                      Preciosidad,

Me pregunta entonces abiertamente, en voz

                                                          Muy alta

 

¿Estás casado?

 

No, la verdad es que no.

 

¿Por qué no te casas conmigo? Te dejaría en

                                                               Herencia

Esta silla de ruedas

 

 

 

EL PEOR INSULTO

 

Asistí

Desde muy temprana edad

Y    desde un lugar privilegiado

A la puesta en práctica

Del siempre popular

Arte del insulto o espelleye.

 

Algunas de las mujeres de mi calle,

Tenían la saludable costumbre

De arreglar sus diferencias

Asomándose a las ventanas,

Balcones y corredores de sus casas

Luego, a cara perru, con descaro,

Ponerse a ventilar, por ejemplo,

Las sábanas conyugales de sus vecinas

Y    sacudirlas encima

Las piedras

Por las que, se decía,

Se las habían pasado

Y    todavía se las pasaban,

Y    no sus maridos precisamente.

 

Más adelante, hube de vérmelas

Con el vocabulario

De una cantidad considerable

De hijos de la gran puta

De toda clase y condición

 

 

 

Con esto, solo quiero darte a entender

Que, si la ocasión lo requiere,

No soy de los que se lavan la boca con jabón

 

Soy de los que escupen las palabras más dañinas

Si de lo que se trata,

Si de lo que estamos hablando

Es de causarle a alguien, a quien sea,

El mayor daño emocional posible.

 

Pero es ahora, a los cuarenta y cuatro años,

Cuando por fin acierto a entenderlo:

El insulto, el peor insulto,

Es decirle a la otra persona,

Decírselo mirándolo a los ojos,

 

Te quiero

 

Cuando sabes fijo, positivamente fijo,

Que no lo estás diciendo

De corazón.

 

 

 

PARADISO

 

 

Ayer por la mañana,

Sábado, cuando venía

De la librería, de la mítica

Paradiso

 

En la calle de San Bernardo

Esquina con San Antonio

Un chavalito, un doblete,

Confundió a David Gonzalez

Con otra persona

con otra entidad mejor dicho:

 

¡Maná, eh, maná !

 

No será, me temo, la primera

ni la última vez que le confundan

 

                    ¿Confundido?

 

                    Con otro

 

                    ¿Con quién?

 

                    Con otro tío

                   

                    ¿Qué tío?

 

                    Otro tío

 

el otro sábado, domingo ya,

en un garito de Cimavilla,

se le acercó una pivita con un rotulador:

 

Tu eres Andrés Calamaro, ¿no?

David se llevó el índice a los labios.

 

¿Me firmas un autógrafo?

 

Abrazo fuerte y solidario

de Andrés Calamaro

 

escribió David

en la camiseta blanca, sin mangas,

que la chorbita aquella llevaba puesta

y     después le devolvió su rotulador

negro.

 

Eres Maná, repite el chavalito, alucinado.

 

Sí, le sonríe David

 

y     sin aminorar ni desviar el paso

levanta su brazo

 

al tiempo que el chaval hace lo propio

y     sus manos, las palmas de sus manos,

se encuentran, se reconocen, y chocan,

restellando de alegría,

como un petardo en un día de fiesta.

 

Sin embargo, David es David. No Andrés

ni el Maná

ni el de los Reincidentes

ni tampoco el de los Ramones

 

David.

 

Que además es poeta.

Poeta, joder. No cantante. Poeta.

Y    como tal, como poeta,

yo sé que David González

tiene las manos manchadas de tinta

y     sé

(me lo ha dicho)

que no pierde la esperanza

 

ya verás, ya lo verás y si no al tiempo

en que llegue el día

       

en que alguien, quien sea,

por la calle o en donde sea,

en la libería Paradiso, por ejemplo,

le confunda

consigo mismo.

 

 

 

MUSAS

 

 

Entra en mi estudio

y     echa un vistazo a su alrededor,

presentando especial atención,

e     interés

 

a la Mala Rodriguez

 

a Women sitting on blue robe,

de Amedeo Modigliani

 

al cartel de Christiane F

 

y     a las imágenes de estos cuatro tabiques:

 

una de una bailarina mora

en los últimos pasos de la danza de los siete

                                                          velos

acuerela de mi colega Antonio G. Villarán,

 

dos de Jill,

personaje de cómic del dibujante Enki Bilal,

 

y     tres de la poeta norteamericana Denise Duhamel

 

Da dos pasos

 

y     con los brazos cruzados detiene su mirada

 

en las postales que decoran mi escritorio:

 

Seductive girl, de Roy Lichtenstein,

 

una mujer anónima desnuda

en un estudio de París,a principios del siglo XX

 

y     una señorita que cruza una calle de Berlín

tapándose de la lluvia con su bolso de piel.

 

Da otro paso y me pregunta:

 

y     la del ordenador ¿quién es?

 

La mujer abisinia del poeta maldito Arthur

                                                          Rimbaud.

 

Tienes todo esto, dice, tu estudio me refiero,

lleno de fotografías de mujeres de todo tipo, pero,

añade antes de irse, ninguna, ni una sola, de mí.

 

 

                     

EXCUSA

 

 

no, yo no trabajo

en una fábrica de armas

ni levanto muros de cemento armado

o     redes de alambre espino

no, yo no trabajo

en ese ramo de la construcción

ni soy el brazo de la ley

que trata de llegar al cuello

o     a las ropas de inmigrantes ilegales

cuando tratan de pasar por encima

de esos muros y alambradas

ni tampoco soy,

en otro orden de cosas,

el gancho, la porra, el rifle, o el arpón

que asesinan a sangre fría

focas, ballenas, o cualquier otra especie

animal que se les ponga por delante

no, yo no trabajo en ninguna de esas historias

o     e otras por el estilo

no, lo lamento,

yo no tengo vuestra excusa:

yo no tengo

crías que alimentar

 

 

                    

PROFETAS

 

 

nadie es profeta en su tierra

    

hasta que no se encuentra

 

enterrado bajo ella.

 

 
 
  Por David González
 
  El que se levanta a mear pierde.
Entrevista a Esteban Schmidt.
 
  La oración the Palermo, Osvaldo Baigorria.
  Este banquito en Palermo, Jorge Viera.
  ¿Cómo perdí mi Palermo? (Para una estética del exilio), Maximiliano Sánchez.
  Último intento, María Stegmayer.
  Ojos chinos y aliento a Zumuva,
Pablo Entrerrios.
  Mapa de Palermo, Horacio Lotito.
  Cuadros, Fogwill.
  Escuela de guerra, Carlos Correas. (Introducción: José Fraguas).
  El Otro Marx, Oscar del Barco.
 
  Entrevista a David González. Por Ársel Álvarez y Andrés Tejada Gómez.
  El demonio te coma las orejas, David González.
  Contra los poetas, Witold Gombrowicz.
  Entrevista a Jorge Herralde. Por Andrés Tejada Gómez.
  Las cuarenta en los 40 de Anagrama, Santiago Ríos.
  Catálogo histórico final, Jorge Herralde.
  La censura, Jorge Herralde.
  Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Raoul Vaneigem.
  Reflexiones y recuerdos a la deriva sobres los situacionistas, Mario Perniola.
  Contra Debord, Frédéric Schiffter.
 
  Flotar entre helicópteros,
Pablo Klappenbach.
  Cementerio y pogo, Juan Pablo Liefeld.
  Diario de rodaje, Pablo Klappenbach.
 
  El caos. Contra el terror, Pier Paolo Pasolini. (Traducción: Antonio Prometeo Moya).
  Escritos corsarios, Pier Paolo Pasolini. (Traducción: Hugo García Robles).