
"The Palermo Manifesto" es un mapa cartográfico de un malestar. Un mapa cartográfico particular, molecular.
Pero este mapa no es perfecto. No hay programa. Sus límites se despliegan propulsados por un ritmo frenético y semi anárquico. Y no existen estaciones predeterminadas. Uno no puede ver las estaciones de subte que lo circunvalan. Y, aunque existen algunas indicaciones de lectura, nuestro orador advierte que "... Queremos que algo se prenda fuego, esa es la verdad más grande ".
Desde el prisma del "Manifesto", Palermo emerge como un terreno y un ambiente parecido al que Estanislao Zeballos registra cuando, luego de la masacre de la Gran Campaña, recorre el terreno que dejó el desastre -que él mismo contribuyó a parir - y que aún huele a sangre fresca, con mirada exhaustiva, diseccionando los lugares y protagonistas. Claro que del positivismo de la crónica de Zeballos pasamos al cinismo burlón y algo culposo de orador y personaje principal: "Estebitan". Pero ¿cuál sería el desastre actual, bajo la mirada de la obra?
Schmidt -¿Schmidt?- traza las coordenadas de una autobiografía política. Es el grado cero de cualquier estrategia de lectura del texto, pero el clima es de tormenta tropical, casi caribeño y el huracán procesa y escupe la información y los lugares tergiversados apelando al voyeurismo desde el otro lado del papel. Hay una urgencia de fondo y que opera como un disparador nuclear: la decadencia luego de 25 años de democracia. Esta decadencia impregna íntegramente la "música" del texto. No se trata de una decadencia con óptica científica, sino de un escenario íntimo que sirve para el racconto de las experiencias en la militancia y que permiten el desliz sistemático y carnavalesco del rumor y el chimento. Esta musicalidad brinda además la ropa y el maquillaje de cierto travestismo político bienpensante desde donde el personaje se ubica y habla.
Porque si hay algo muy particular en el Manifesto es que la academia, la militancia, la política y los chimentos son tratados con la misma importancia. Como dice el narrador: importan los detalles. Es en los detalles del diagnóstico donde nuestro orador encuentra el placer más íntimo, y con el cual solicita la complicidad del lector. El detalle brinda las imágenes de la decadencia e introduce al texto en los pasillos del "mal gusto". Es en el detalle donde relampaguea el desastre. En la imagen hipotética-realista exhaustiva de un intelectual desplegando sus estrategias de espera en la ventanilla de un ministerio aguardando su paga por el asesoramiento de turno...
" No menos funcional resulta el olvido para los detalles que tiene nuestra comunidad, facilitado por el hecho de que los consultores viven detrás de escena ", aclara maliciosamente nuestro orador desempolvando el lado oscuro de la luz y las ideas, con la autoridad y la bronca de quién participó y perdió la silla en el juego...y se encontró a las puertas del colapso: la inutilidad social.
Mencionaba la academia porque, en las coordenadas del texto, la decadencia política y social funciona como el correlato de la decadencia del conocimiento. Son las dos caras de una misma moneda. Chau autonomía. " Flaxo es el menemóvil ", advierte festivamente el orador con dosis de cinismo. Y se multiplican los nombres: Filmus, Di Nápoli, Blod, becarias burócratas, etc., etc. Es en este punto donde el texto se estremece, se abre y estira como una malla... sobre el terreno de las anécdotas de Di Nápoli con periodistas y políticos.
La voz del relato oscila entre la acusación del militante y el desinterés de quién volvió de las experiencias con la certeza de que la intensidad y el involucramiento político no traen buena salud y que la salida a esta disyuntiva pasa por la elaboración de una estética de la política. ¿El objetivo? Sobrevivir con elegancia: " Para llamarnos la atención sobre el exceso de conciencia. Que así no tenés paz, no te dejás llegar por otra persona, ni bailar. Que es tan importante. Una broma que nos hacen siempre dice pará de sufrir. Las ratas llaman sufrir a cualquier cosa...Como no les queremos dar la razón, les ponemos carita de sanos, les mostramos los callos del tenis en la mano derecha y les decimos cosas bien capitalistas para que no sospechen. " Aunque, en los cimientos, está claro - ¿lo está realmente? - una cosa: sobrevivir con elegancia es un síntoma del desastre.
No existe la moderación (aunque el límite, nos aclara el relato, es Tribunales). El exceso se manifiesta además en las estrategias de persuasión de su público. Un ejemplo es el uso sistemático del "nosotros" inclusivo para introducir al colectivo hasta en su baño. Esto aplana a veces los detalles. Es posiblemente la solución formal que encontró el relato para poder transitar con mayor holgura entre lo dos polos por los que se desarrolla en tensión: la confesión y el manifiesto. Si se hunde el barco, hundámonos juntos. Ok, pero el pasaje del 'yo' al 'nosotros' es automático, como cuando se cocinan las hamburguesas y uno apela al malabarismo para darlas vuelta sobre la hornalla en un parpadeo. Esto me hace pensar a veces que el Manifesto tendría que haberse enviado por correo a cada uno de los destinatarios y no publicarse como literatura. El circuito es muy cerrado. Si el PNUD tuviera una editorial para ficciones, este libro debería ser uno de los primeros en publicarse...

El diagrama topográfico es Caballito - Palermo. La historia de una relación que va de la juventud al presente. Es también el desplazamiento urbano hecho político y social. Ambos barrios están en una relación de complementariedad. Y estas diferencias son también los diagnósticos del cambio. "Todos los que oímos hablar de la rive gauche y la rive droite, nos tomamos el 55 en Acoyte para nunca más volver y nos bajamos en esta esquina de Borges y Paraguay donde algunos compañeros montaron con tanta generosidad este escenario para que esta tarde digamos algunas verdades, módicas, preparatorias tal vez, de mejores y futuras verdades ."
Del Barrio porteño al barrio globalizado, Palermo es el bunker que reúne a las personas del relato: el yo/nosotros, tu/ustedes, el/ellos... todos se cruzan y, en última instancia, comparten hábitos y costumbres, consumos e imaginarios políticos. " Vidas internacionales que juegan a fondo en el Jumbo, donde embolsan rarezas para las picadas como aceitunas negras rellenas de salmón. Lo de todos los días, lo que se vence, lo retiran del Súper Cordial de Borges y Costa Rica, donde los cruzamos siempre. Sorry la casualidad. Manteca está muy a mano desde que la Buenos Aires que se puede transitar y vivir sin deprimirse se redujo a cuarenta manzanas."
Quizás el mayor logro del Manifesto de Schmidt es el de incomodar al lector no sólo por sus contenidos, sino también por las estrategias político formales que pone en juego. Usar un manifiesto para poner a un grupo social de prepo hablando en primera persona, elegir el ritmo frenético y fragmentado del relato apoyándose en acusaciones, anécdotas, burlas y chismes con nombres y apellidos reales y personajes claramente identificables. Incorporar, como postales del colapso, las relaciones entre las universidades e intelectuales y el poder político sin que parezca otro caso de denuncia más o situándolo como un problema menor o naturalizado. Son logros modestos, posiblemente. " Podríamos, entonces, ser más flexibles, más humildes, callarnos la boca ", advierte Estebitan, y está en lo cierto. Buen comienzo para nuevas convergencias. ¿Será posible? |