I

Hoy podemos decir, contrariamente a lo que dijo Paul Valery, que "las civilizaciones son inmortales" pues sobreviven a todas las catástrofes y a todas las revoluciones que pretenden abatirlas. Cuando se imagina que están destrozadas se las ve emerger de pronto como islas imperecederas en medio de las tormentas. Allí están, inmutables. A veces cambian sus apariencias, mas por debajo de éstas siempre conservan las mismas texturas, esos últimos y profundos zócalos que configuran el destino . Esta es la roca contra la que se estrellaron los sueños de quienes alguna vez quisieron cambiar el mundo y la vida con sólo cambiar algunos signos, dándole nombres distintos a las mismas cosas de siempre. Pero lo real "insiste" y la insistencia de lo real es la que, finalmente, conforma las aventuras del hombre: debajo de las utopías y los paraísos imaginarios acecha constantemente la muerte, esa muerte-inmortal que sostiene como una garra el itinerario de los sueños. El "marxismo" fracasó porque a través de un largo y contradictorio proceso devino una forma más de la Razón y cuando "en el fondo de lo desconocido" se enfrentó con lo nuevo sólo atinó a levantar los viejos escenarios de la violencia y el horror. En lugar de "territorios libres" levantó paredones en los que crucificó al pueblo que era su Absoluto. Al fin el símbolo del comunismo "marxista" son los manicomios. Y es posible que esta paradoja sea la única verdad de un régimen que se pretende el cenit de la Razón: sólo la locura arde con luz propia en esa inmensa noche sin esperanzas. Los "marxistas" sostuvieron que las máquinas y la Ciencia iban a salvar la humanidad, creyeron que la historia avanzaba hacia un paraíso terrenal, que el mundo progresa y que las últimas sociedades en una escala temporal son las mejores en un orden ético. Todo lo que habían dicho los capitalistas cuando comenzaron a arrasar el planeta lo repitieron a voz en cuello los "marxistas" y como paródicamente se creyeron los depositarios del sentido último de la Historia, la vanguardia de la clase obrera, la encarnación de la Verdad, en una palabra, actuaron como lo han hecho y lo hacen siempre los fanáticos: suprimiendo a quienes no piensan lo que ellos. ¿Cómo tolerar que cualquier simple criatura se oponga a quienes encarnan los designios del cosmos? Y no se trata de discutir si Marx quería o no quería este tipo de sociedades totalitarias. Esto es lo que sucedió, lo que estamos viviendo. El régimen capitalista junto con el régimen "socialista" han llevado al mundo al borde de la catástrofe. No ven quienes no quieren ver. La peor demencia, la de la Razón, está a punto de decidir el destino de la humanidad. El "marxismo" ha muerto, eso es todo. Y entonces: ¿qué? Lo de siempre: la vida sigue. Los fuegos sobrevivirán hasta el fin. Los hombres seguirán rebelándose (¿o alguien todavía cree, ¡por dios!, que la rebelión es propiedad de los "marxistas"?). Las criaturas que escapan al sueño de la razón siguen luchando por sus sueños sin-razón. Es como si existieran caminos invisibles por donde fluye el calor de la vida; caminos que los poderes aún no han podido cegar y que atraviesan las épocas desde hace milenios. Los campesinos y los indios, los presos y los locos, las mujeres y los obreros, los niños y los poetas... cada uno en sí, sin ser más de lo poco que son, sobreviven. Esta es la insuperable debilidad del Poder: necesita de los otros, no los puede matar a todos porque los necesita. Y hasta ese día posible en que el telos de la Razón se realice y las máquinas suplanten a los hombres, siempre habrá lo distinto sobreviviendo como una luz en medio de las sombras. El "marxismo" ha muerto, pero las ideas de Marx, a pesar de que el tiempo haya contradicho alguna de ellas, o precisamente por eso, porque siempre fueron esencialmente temporales y las que sobreviven lo hacen a la intemperie, sin resguardarse bajo ninguna Ley, esas ideas siguen siendo una forma y un fermento para todos aquellos que a la macabra tarea del poder le oponen el deseo de ser libres. No existen ni ideales ni organizaciones que puedan absolutizar las necesidades y las pasiones de los individuos. En la época de lo siniestro por la que estamos adentrándonos sólo subsiste la resistencia irrepresentable, la resistencia solitaria o de grupos, activa o pasiva, de familias, de amigos, de tribus. La apuesta es entre la naturaleza y la Razón, entre el amor y la Técnica. Parece mentira pero la última esperanza se funda nada menos que en ese sentimiento, tan desprestigiado y todavía sagrado, que se llama amor . Todavía lo que sobrevive es esa fuerza ignota que une todo en un deseo que posiblemente sea invencible. La ciencia viva se asoma a misterios sin término y lo dice frente a quienes postulan una Ciencia hueca y aplastante. El hombre siente ante sí la fuerza de lo desconocido, de saberse algo en los infinitos que lo atraviesan y lo constituyen. Mientras exista quien se asombre y no se contente con un mundo desierto, aún quedaran esperanzas de que esta gran "guerra de principios" -como la llamó Artaud- se resuelva a favor de los hombres. Sí, "el desierto crece", pero debajo hay un resplandor que no es de nadie, un resplandor en el que vemos, hablamos y respiramos. Eso es todo.

Hay que tener cuidado con la palabra crisis porque ella encubre lo que está pasando. En realidad no se trata de una "crisis de la razón" sino de un momento en la historia del nihilismo en el sentido en que lo utilizó sin retórica Nietzsche. Esto es así y no otra cosa: culminación de la Razón. Lo que vivimos horrorizados es el comienzo del reino de la Razón absolutizada en un mundo-técnico. La idea de crisis implica una temporalidad limitada: cierta transitoriedad enferma en un cuerpo naturalmente sano. Esto, en cambio, es así; no es una situación pasajera de algo que entra en crisis sino una forma-de-ser. Se afirma que la Razón está en crisis y no se quiere entender que esto es la Razón. Y en esta no-inteligencia lo que está en juego es un destino que probablemente abarcará la totalidad de lo humano. Este triunfo de la Razón que convierte al hombre en un puro objeto paciente de la teleología maquínica es el nihilismo. La "falta de fines" a que se refería Nietzsche es una consecuencia de la asunción por la técnica del conjunto de las temporalidades humanas. Sin embargo, resulta difícil describir la estructura última de la Razón. Se trata, esencialmente, de una hiancia que divide a todo en dos. La escisión como generalidad absoluta y la jerarquía en el interior de esta escisión constituye el presupuesto fundante de la Razón. Y aquí lo material es ideal y viceversa. No existe ni lo ideal ni lo material en estado puro, de allí que la Razón despliegue su forma tanto en la técnica como en el espíritu , sin que nada quede fuera de su juego de dicotomías y dominio. Ella es la que funda la explotación, la miseria, el desenfreno del despojo y el odio. Siempre se trata de una topología, de una pirámide (de allí Hegel) cuyos éxtasis condensan tanto lo amorfo como el sentido, desplegándose desde un punto de máxima intensidad hasta la anomia de la muerte. Entre el vértice y la base se despliegan los mensajes del poder a cargo de todo tipo de sacerdotes, comisarios, burócratas o mandarines. La comunicación es el vehículo de la fuerza, ya sea ideal o material y sobre esta base funciona la totalidad del Sistema, de manera tal que la ruptura de este mecanismo implica la ruptura del Sistema; es la única posibilidad de ruptura. Sin embargo, una vez dicho esto convendría pensar en una forma vital más que en un verdadero mecanismo, pues el logos no está atado a nada ni a nadie, pudiendo cambiar indefinidamente pues vive de sus propias metamorfosis. Podríamos decir que ésa es su genialidad: entrega para recuperar más adelante; se hace el muerto para dar su zarpazo definitivo; utiliza todo en su beneficio y se mueve a través de todo. La crisis de racionalidad no se refiere a la racionalidad propia del acto de ser-racional, de poseer la cualidad del pensamiento que clásicamente sirvió para definir al hombre como "animal racional"; la racionalidad que se intenciona al hablar de crisis de racionalidad es una super-afectación de esa racionalidad primaria, con la peculiaridad de que la segunda racionalidad (entendido el término metafóricamente) o Logos , como lo llamé en otro lugar para marcar la diferencia , es forma-material, vale decir que en un mismo movimiento conforma el conjunto de la materialidad humana y la propia racionalidad en su sentido genérico: la segunda racionalidad existe en la primera y de ella se dice equivocadamente que ha entrado en crisis . Digo equivocadamente porque se toma como crisis el cambio de paradigmas que funda su naturalidad, ya que en este orden de significaciones el conocimiento avanza mediante discontinuidades, lo cual vuelve irrelevante considerar su inmanente mutación como momento crítico de la Razón. ¿O deberemos reconocer la improcedencia de esta distinción aceptando que lo racional en sí implica un despliegue de maldad incontorneable?

La frase "el marxismo ha muerto" suscita la inmediata reminiscencia del famoso "Dios ha muerto" de la filosofía. Lo que ha muerto es el "marxismo" en cuanto Sistema de la Ciencia , es decir en cuanto sistema de una Razón que de facto o potencialmente podía explicar el todo-del-mundo amparándose en la idea metafísica de la racionalidad absoluta del universo: éste poseería una estructura racional última de la cual la ciencia rendiría cuenta a través de un proceso proyectado al infinito. Sin que se lo reconociera esta presunción enlazaba al "marxismo" con el racionalismo dieciochesco de las luces y particularmente con la idea fuerte de mathesis universalis . Quien comprendió el carácter teológico que implica este tipo de racionalismo fue Gramsci y son conocidas las consecuencias que debió pagar por apartarse de lo que ridículamente se llamó "marxismo-leninismo". Los creadores del concepto de "matemática universal" creían, consecuentemente y mucho antes por supuesto del iluminismo, que Dios había constituido la esencia del universo mediante símbolos matemáticos y que, por lo tanto, era posible descifrar la estructura profunda del universo utilizando las matemáticas. Los "marxistas", al sostener la existencia de una estructura del mundo sin soporte trascendente y al mismo tiempo independiente del hombre, caían en un contrasentido que justificaba la pertinencia de la pregunta gramsciana respecto al correlato de tal estructura. Es claro que lo perdido en coherencia se ganaba o creía ganarse en una práctica fundada científicamente en el conocimiento de esas leyes trascendentes. Dueños así de una suerte de gnosis los "marxistas" podían en adelante convertirse en depositarios supremos de las "leyes de la historia" y hacer del resto de la humanidad el mero soporte de proyectos a los que únicamente la Ciencia podía acceder. Aquí ya se encuentra prefigurado in nuce el sostén racional de los futuros gulags , pues quienes se oponen ya sea a las leyes del mundo como a los designios divinos no pueden ser sino delincuentes o enfermos mentales. Por supuesto que este no era el "marxismo" de Marx. Sostener que los países "socialistas" son una concreción del pensamiento de Marx es tan absurdo como sostener que la Inquisición es una consecuencia de la doctrina de Cristo. Buscar los puntos metafísicos que existen en la obra de Marx y a partir de ellos fundar su vinculación con los actuales "socialismos", es confundir las cosas. El objetivo teórico de Marx fue el de comprender el funcionamiento de la sociedad capitalista para, de esta manera, facilitar su transformación; a este objetivo se articula lo esencial de su obra, como he tratado de demostrarlo largamente en las páginas anteriores. Sus conceptos "metafísicos" serían aquellos donde expresa una visión antropológica del mundo (como cuando dice que la naturaleza es el cuerpo inorgánico del hombre y que para el hombre la raíz de todas las cosas es el hombre); pero incluso estos conceptos de su primera época están insertos en contextos donde se los podría interpretar al margen de toda problemática ontológica, en cuyo caso serían pasibles de una interpretación distinta; en cuanto a las ideas de producción y de técnica es incuestionable que su ámbito de comprensión pertenece a la crítica de la economía política. No se trata, es obvio, de salvar a Marx. Su significado histórico está más allá de las modas ideológicas. Y hoy, cuando pareciera que se trata de considerarlo como "un perro muerto", no deja de ser paradójico que un pensador como Heidegger lo considere el único interlocutor válido respecto al problema de la historia .

¿Qué ha pasado entretanto? Marx nos remite al devenir objeto-fetiche del mundo , Heidegger al problema de la esencia de la técnica . El pensar se desligó de su fundamento. El logos del lenguaje originario se convirtió en lógica (método o matema ) y desembocó en la Razón absoluta. Hay que seguir estos itinerarios para comprender o al menos visualizar el terreno donde nos encontramos. La palabra método hace su primera aparición en los escritos de Platón. Pero debe tenerse en cuenta lo que ella significa en el momento en que inicia su carrera como concepto y lo que significa en su acepción moderna a partir de Descartes. Para Platón, como recuerda Jean Beaufret, se trataba de una suerte de cacería que mediante rodeos y círculos cada vez más estrechos iba exprimiendo el matorral donde se ocultaba la presa; de allí que se trate de un conjunto y no de un cazador solitario, un conjunto dialéctico girando alrededor del objeto (el espectáculo de Sócrates inquiriendo obsesivamente semeja el de un cazador avanzando sigiloso hacia un punto determinado; quedaría por ver si en Platón no se trata en realidad de una retórica de-la-caza). En Descartes el ir hacia el objeto es en línea recta; metódico es claridad de procedimientos fijados de una vez para siempre y al margen del objeto. Por eso cuando se le preguntó a Galileo por qué sostenía que sin ningún obstáculo un cuerpo en movimiento continuaría siempre en movimiento, respondió: mente concipio . "Así, en la reflexividad del ego cogito hay una fuerza impulsiva y propulsiva   que sostenida en sí misma funda una marcha progresiva que no le debe nada a nada exterior". Este es el método en sentido moderno. De allí que Nietzsche pudiera sostener que "lo que distingue al siglo XIX no es el triunfo de la ciencia sino el triunfo sobre las ciencias del método científico". La idea hegeliana de que el método no es un simple "medio para conquistar el conocimiento" sino "el alma inmanente del contenido mismo" (idea de la que es deudor Marx, pero obviamente situado en otro nivel de análisis) fue desplazada por el gran movimiento epistemológico que considera a la ciencia en general como modelo puro. El verdadero salto dentro de la línea cartesiana está constituido por la matematización de la física: la matemática como hermenéutica de la naturaleza en su totalidad. Bacon decía: expurgatio vocabuli magiae . Es efectivamente en un "clima de magia" que se produce este investimento matemático de la naturaleza. Tal es la "libidinosidad" de Descartes denunciada por Nietzsche y, a esto mismo, se refiere Heidegger cuando afirma que "lo peor ya pasó": lo peor es el corte y la objetivación del mundo que da comienzo por una parte a la deriva de la objetividad y por la otra al dominio de los fetiches . Detrás de Descartes se pone en funcionamiento aquella "formidable rueda motora" que Nietzsche había advertido detrás de Sócrates. La victoria del método-científico sobre la ciencia va a la par con la dominación del telos de la objetividad sobre la tierra. "Representarse la necesidad natural como una relación funcional de cantidades en el interior de un sistema de ecuaciones es, en efecto, haber resuelto de antemano y de un solo golpe, una infinidad de problemas de los que en adelante sólo habrá que encontrar los términos. Es, por lo tanto, una victoria del método científico sobre la ciencia". Comienzos de los tiempos modernos , caracterizados por "la dominación creciente de la naturaleza por el hombre a través de la interpretación científica de la cosa como objeto " (J. B.), y cuyo correlato es el sujeto , el ego-cogito como amo en el reino de un pensamiento sin cuerpo propio de un tiempo en que los dioses han abandonado la tierra e inaugurado la oscura enrancia del nihilismo. La tierra como objeto , como desierto y muerte, soportando la acción desenfrenada de un señor enceguecido por su poder de extinción absoluta, eso es lo que tenemos al término de un tiempo en que tanto los hombres como la naturaleza han perdido su carácter sagrado. En un mundo de objetos la acción se vuelve desenfrenada y olvida la esencia mítica de la naturaleza y del hombre. Sagrada es la alegría que llena el corazón desbordándolo con la maravilla de lo que es.

El otro-Marx es lo otro de Marx. No sólo, como podría pensarse el pensamiento de Nietzsche, de Freud y de Heidegger sino, principalmente, el mundo múltiple y misterioso...

II

Estamos ya en la edad de la " barbarie " anunciada por Marx; del " nihilismo " y de la " técnica " anunciados por Nietzsche y por Heidegger. En este sentido el triunfo del Sistema es incuestionable. Su universalización, así como el proceso de enajenación crecientes, son una realidad trágica pues implica la extinción de lo humano. No deja de ser extraño un " triunfo " que debe soportar la posibilidad de la muerte del hombre por la destrucción de las grandes reservas forestales del planeta, la contaminación ambiental, la ruptura de la capa de ozono, la erosión de la tierra y el crecimiento incontrolable de la población, entre otros tantos " males " en curso. " Males " que llevaron a un teólogo como Hans Jonas a plantear, casi con desesperación, una " ética " respecto a la tierra e incluso al espacio cósmico: ¡Basta de destrucción, señores, o morimos todos! ¡Pobre Jonas, qué poco conoce el Sistema! Y digo Sistema porque me parece que la palabra " capitalista " se ha quedado corta y estamos en un post, trans o ultra capitalismo, " algo " que va siempre excediendo todo concepto, un innominable " destino " o lo que Hegel llamó Saber Absoluto, en este caso, el papel de la negatividad lo desempeñan toda clase de otros, de extraños, de distintos, de xenos , o de virus...

De mil millones de habitantes a comienzos del siglo XX nuestro planeta ha pasado a tener alrededor de seis mil millones, con todos los problemas de alimentación, salud, vivienda y educación que esto implica. Por otra parte el Sistema se ha expandido mediante la construcción de redes económicas y culturales tan imbricadas y poderosas que imposibilitan pensar en transformaciones o salidas ( " revolucionarias " ) fuera del mismo. Lo que Marx llamó " universalización " del capital es un hecho cuyas consecuencias nefastas son aún difíciles de apreciar en toda su magnitud. En este caso la universalización además de la economía política implica la contaminación del mar, de la tierra y del aire, así como la destrucción de los idiomas y de las múltiples formas de vida, material y cultural, de los pueblos que pueblan nuestro planeta. El Sistema en su pulsión tanática traga y quiere tragar todo, dominar, explotar, acumular, hasta llegar a la implosión final.

Muchos de los análisis económicos de Marx han caducado a causa del desarrollo del Sistema, pero otros, esenciales, siguen vigentes; como ser (1) el análisis de la reproducción ampliada y, como consecuencia inevitable, la universalización del capital; (2) el de la cosificación del mundo y su proceso acelerado de enajenación; (3) el del crecimiento incontrolable de lo que llamó el " Gran Autómata " , o, con otras palabras, la autonomía creciente de la máquina-capitalista que detenta el " saber " y el " poder " de decisión. En otras palabras, el Sistema funciona solo, automáticamente, y el hombre ha pasado a ser cada vez más un " apéndice " (una " personificación " en términos marxistas) de la máquina. Las decisiones parciales de los hombres se subsumen en decisiones generales que están por sobre ellos y los dominan, tanto en su conciencia como en su inconciencia. Es el reino del mercado en cuanto una multiplicidad de vectores que dan como resultado un vector autónomo, independiente de lo humano, pero que, por supuesto, se efectúa a través de " condensaciones " de fuerzas sociales subjetivizadas. Dicho de otra manera: la sociedad en su conjunto ha pasado a ser un sistema orgánico que funciona solo, " automáticamente " ; así como funcionan solos el hígado o el cerebro ...

El proletariado de la época de Marx ya no existe, al menos en los países más desarrollados económicamente. En el mundo ha crecido con carácter absoluto la pobreza e incluso la miseria; ha crecido la violencia; han aparecido nuevos " enemigos " , tanto internos como externos, al Sistema. La caída de los regímenes totalitarios que se ocultaban bajo un presunto comunismo o " socialismo real " han incorporado nuevos países al Sistema y, al mismo tiempo, han abierto la posibilidad de una toma de conciencia profunda respecto al mal llamado comunismo de la ex-URSS y de la China comunista. Este hecho histórico implicó, por una parte, la caída de un mito en el imaginario social; y, al mismo tiempo, la toma de conciencia de un fracaso que le costó la vida a cientos de millones de seres humanos. Si comprendemos, entonces, que los sistemas que se auto-denominaban comunistas o socialistas eran protoformas de un capital encaminado, como hoy es totalmente visible, a ser un sistema capitalista pleno; y si, al mismo tiempo, vemos que las socialdemocracias " socialistas " son, eventualmente, eficaces administradoras del Sistema; no podemos sino reconocer el fracaso del " marxismo " . Marx, en este sentido, es ahora un clásico en la historia del pensamiento político y económico.

Pero ¿se trata de un fracaso de Marx, en el sentido de un fracaso del "proletariado" y sus organizaciones sindicales y políticas, o, por el contrario, se trata de la evolución del propio Sistema capitalista y post-capitalista? Se trata de ambas cosas: evidentemente el Sistema evolucionó, incluso asumió la forma-democrática como su forma política; y también es evidente que el proletariado, el llamado sujeto de la revolución, fracasó en su objetivo (al menos teórico, ya que nunca fue un objetivo real) de construir una sociedad comunista . Se puede discutir si era posible realizar una revolución a partir de una " idea " , o si, tal como lo pensó Marx, la revolución debía ser el propio movimiento inmanente de los explotados en su lucha por un nuevo tipo de vida. De una u otra forma lo que se llamó el " ideal comunista " , es decir la transformación del reino de la necesidad en reino de la libertad, no se realizó (en su lugar se crearon sociedades totalitarias basadas en el terror y la barbarie -- estoy pensando en la célebre frase de Marx: " socialismo o barbarie "-- ) y hoy ha desaparecido casi totalmente del imaginario colectivo. En otras palabras, actualmente ninguna sociedad se plantea el comunismo como una forma posible de organización económico-social.

¿Ha muerto la política? Si por " política " entendemos la lucha por suprimir la propiedad privada de los medios de producción y la constitución de una sociedad " comunista " , sin clases sociales y sin Estado, es indudable que sí, que esa política ya no tiene vigencia real, quiero decir realizable. Pero si por " política " entendiéramos las múltiples y complejas luchas de los seres humanos por una sociedad más igualitaria, más justa y más libre, entonces creo que la política sigue viva y que, posiblemente, nunca la sociedad haya estado tan politizada como en la actualidad. Pero ya no se trata de luchar para que alguna vez , en el futuro , se logre la utopía " comunista " ; se trata más bien de enfrentar al Sistema en todos los lugares posibles, de resistir su política de explotación y de dominio, de vivir el comunismo no sólo como resistencia al Sistema sino como forma de ese vivir, como forma ante todo cultural, ética, filosófica, religiosa y política , en el sentido de una exacerbación libertaria de las prácticas sociales.

La " esperanza " está en el aquí y ahora , y no en un lejano futuro utópico que siempre lleva a la resignación ante la imposibilidad real de una revolución " comunista " . Creo que el mal (¿por qué no llamar mal a la barbarie nihilista, a la técnica destructora de lo " humano " , al terrorismo y la explotación, tanto capitalista como " comunista " ?) se puede vencer en nuestro espíritu, conciencia, " yo " o como se la quiera llamar; en esto que somos y que hace posible el mundo; en esto que puede amar y tener piedad; en esta debilidad y fragilidad que habla, canta, goza y lucha. En este erotismo; en este Acto que es vida, creación, sueño, pensamiento y deseo. Esto que soy (que cada uno es) es el lugar de resistencia al Sistema. A partir de este punto todos los seres humanos podemos luchar contra las múltiples formas de injusticia, de violencia y de explotación que caracterizan, o, mejor dicho, son el Sistema.

Resistir significa dejar que el ser sea; que el habla hable; que el pensamiento piense; que el amor ame. Significa elevarse a la conciencia y a la autoconciencia; no dejarnos derrotar por la televisión, la banalidad, la superficialidad, la idiotez con la que nos quiere suprimir el Sistema (me refiero al sistema global de explotación, de control y de exterminio propio de las sociedades que se auto-proclaman democráticas, socialistas, comunistas, o lo que sea). No podemos vencer al Sistema en cuanto tal, en su completud, pero podemos vencerlo en sus formas, resistiéndolas, combatiéndolas. Lo puedo vencer en mí , y cada uno lo puede vencer en sí , a cada instante, enfrentándolo y negándolo; " en cada paso " , como dice Kertész; y no entregándonos a sus formas actuales con la esperanza de resucitar algún día futuro en el comunismo realizado; porque no hay ese futuro. El futuro fundado en el abandono del ahora siempre le pertenece mortalmente al Sistema.

El gran instrumento de esta lucha es la libertad . Porque somos libres podemos oponernos a las injusticias, defender la naturaleza y los animales, combatir por mejores condiciones de vida, contra la pobreza, contra las desigualdades. Nuestro formidable bien es la libertad , que es el yo, este yo, el yo de cada uno, o el espíritu o el alma, " algo " que no se deja reducir a la simple empiria. El campo de las resistencias y las luchas no tiene límites y adquiere su sentido en su misma realización. Luchar por, como y con los desvalidos, los presos, los pobres, los homosexuales, los locos, por la música y la poesía, por el respeto, el trabajo, la comprensión, el amor, la mansedumbre, por los pájaros, las ballenas, los elefantes, por los niños y los viejos y los enfermos, constituye, en su conjunto, la lucha por uno mismo, por uno mismo como ser libre, absoluto, que no tiene un fin externo a sí sino que es su propio fin. Teniendo en cuenta que la lucha por uno mismo es la lucha por el otro y viceversa. En el espacio de la resistencia como acto libre lo que se constituye es un nuevo tipo de comunidad, una comunidad frágil, vacía, que me atrevería a nombrar " amorosa " o, -- ¿por qué no? -- sagrada, soberana. ¿Es este sólo el sueño de una conciencia atormentada o es algo real, que se da ante nuestros ojos y que a veces no vemos porque queremos ver el sueño de un cambio repentino y total del mundo? Más aún: ¿hay que deponer los sueños ante la potencia despiadada de lo real?

Heidegger, en su entrevista-testamento aparecida en la revista Der Spiegel , dijo que " sólo un Dios puede salvarnos " . Desgraciadamente, y a ojos vista, no hay ningún Dios que nos salve. Si no pensamos que cada uno es Dios, no hay dios, ni partidos políticos, ni iglesias, que nos salven. Sólo a la libertad absoluta en acto, que es esto a lo que llamamos " hombre " , la podemos llamar salvación . Salvarnos es asumirnos a nosotros mismos como seres libres; es decir como seres que no adquieren sentido en otra cosa distinta de ellos mismos, en algo que los trascendería. Nosotros, cada uno de los seis mil millones de seres que poblamos el mundo, lo sepamos o no, somos absolutos en la libertad que es nuestra trascendencia e inmanencia constitutiva. El amor, la amistad, la bondad, la mística, la poesía, la música, la hospitalidad, la solidaridad, la comprensión... serían lo que llamamos salvación . Esperar una salvación futura o que dependa de una fuerza extraña al hombre es privarlo de lo que ya es . El " reino " , el del amor judeo-cristiano, el de la compasión budista o el de la " libertad " comunista, está en nosotros y no es una cosa que llegará algún día. Está en nosotros aquí y ahora, pero paradójicamente debe ser actualizado, debe realizarse asumiéndonos a nosotros mismos como lo que ya somos. Es la tarea más difícil, porque el Sistema es esencialmente lo contrario de esa asunción de conciencia, pero es posible. No es una obligación, un deber-ser o un objetivo a lograr en el futuro, sino una realidad que podemos realizar actualmente, en nuestra vidas.

La pobreza es (¿quién lo duda?) uno de los mayores problemas de la humanidad, porque muchas veces implica la muerte. Sin embargo hubo y hay millones de hombres y mujeres que vivieron felices en la mansedumbre, la compasión, la generosidad, así como en la inteligencia y la conciencia de sí, y que fueron muy pobres, a veces hasta la extrema pobreza. Por eso pienso que el problema mayor tal vez no sea la pobreza sino la enajenación, la indiferencia, el torpor y la violencia que reina en las sociedades del capitalismo moderno. Estamos sometidos a los " medios " , ante todo a la televisión, a los diarios y las revistas, a la computación, a internet, a la propaganda, al turismo y a las mil formas de alienación que son propias del Sistema. ¿Podemos pensar, no obstante, en una sociedad pobre ? ¿Podemos aceptar y querer para nosotros mismos la pobreza como posibilidad de realización espiritual? Mientras el Sistema encarna en su propia esencia el " ideal " de la riqueza y del tener , el " ideal " tanático de la técnica y del nihilismo, la resistencia más profunda: ¿podría oponerle a este " ideal " capitalista la Idea y la práctica de la pobreza entendida como salvación , vale decir como no explotación, como alimentación, como salud, como realización material-espiritual?

Marx se negó a ser " marxista " , entendía que " su " pensamiento era el pensamiento de los explotados (de los obreros, los pobres y los miserables) y no el de un individuo llamado Marx. Hoy continúa vigente la tarea de pensar el Sistema en su nueva y compleja realidad, así como él en su época analizó críticamente el capitalismo industrial naciente. La tarea de llevar a la práctica un " pensamiento " entendido como forma de lo que Marx llamó " el no sistema real " ; es decir, pensar desde la resistencia, la lucha, la negación puntual ( " paso a paso " ) del Sistema; pensar las experiencias múltiples, complejas, poderosas y débiles, de la resistencia que los hombres oponen a las injusticias que hacen del Sistema lo que el Sistema es. En este sentido el pensamiento de Marx nos ayuda a entender nuestra actualidad y a acceder a la conciencia. No a una conciencia abstracta, desligada del hombre y del mundo, sino a la conciencia como pensamiento, como arte, como ética, como religiosidad. No como cualidades elitistas, aristocráticas, sino como las verdaderas y más profundas formas de lo humano. No como práctica asesina sino como acción no violenta, pacífica, sabiendo que nuestros actos actuales prefiguran -- como bien señaló Antonio Gramsci, a quien quiero recordar en este sentido -- el mundo o los mundos que queremos construir y en el que queremos vivir.

Después de treinta años de escrito y al leer ahora este libro no puedo sino advertir, desde la perspectiva de la sociedad actual, que muchas de las cosas planteadas en él fueron superadas o desplazadas por la historia, pero que otras se mantienen. Se hundió el marxismo-leninismo (incluyendo en él las responsabilidades del propio Marx) pero creo que se mantiene el otro Marx, el Marx iconoclasta que se empecinaba por escapar al encierro " marxista " , y, agregaría ahora, lo otro de Marx, ese punto que podemos llamar lo in -político, que puede ser entendido como un más que político o como una política distinta a la política entendida en su sentido clásico, es decir como un enrejillado o escenario donde de antemano se fija la legalidad del acto que por hacerse en ese lugar pre-determinado se llama " político " . Hablo así de una política no política, una política del afuera, de la transgresión de lo político, incluso más allá de las " casamatas " gramscianas, en lo abierto, en lo propiamente abierto. Sin una legalidad y sin un telos previo; sin una esencia previa que la limite y defina. En este sentido me referí al " paso a paso " de Kertész. No únicamente a los pasos que se dan individualmente sino ante todo a los pasos del mundo, al estallido constante del mundo, a su originalidad. He tratado de destacar ese punto trascendental, como yo-absoluto, que hoy veo como " salvación " en la medida que es apertura esencial al mundo. No obstante necesito advertir, para evitar equívocos, que se trata de una salvación que no nos salva de nada y que no salva a nadie, pero que, según creo, es la única salvación posible en cuanto conciencia o espíritu. Pienso el espíritu en el sentido que tuvo para Husserl cuando acosado por los nazis se atrevió a sostener que sólo el espíritu es inmortal . Y sólo veo eso como salvación, creyendo, por otra parte, que llamamos espíritu sólo a lo que somos y que más allá incluso del ser ese lo (neutro) que somos es infinito en acto. Y entonces no podemos salvarnos de nada porque todo es ya salvo cuando la voluntad del hombre, de todos y de cualquiera, así lo quiere. De nada nos vale la democracia, incluso de nada nos valdría el comunismo, si a cada paso, a cada instante, no fuéramos espíritus libres. Esto es muy difícil, tal vez sea imposible como continuidad, pero es posible en ese " paso a paso " , en cada paso, en el paso sin más allá, viviendo cada paso como un final y un comienzo absoluto...

Ciudad de Córdoba, Noviembre de 2008

 

* El Otro Marx , de Oscar del Barco, fue publicado originalmente en 1983 por la Universidad Autónoma de Sinaloa (México) y en 2008 la editorial Milena Caserola publica el libro por primera vez en Argentina en una edición al cuidado de Pablo S. Lovizio y Jorge Iacobsohn. Las dos partes del texto que se publica aquí son el "Post-scriptum" y el "Epílogo" del libro editado por Milena Caserola.

 
 
  Por Oscar del Barco
 
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Entrevista a Esteban Schmidt.
 
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  Escuela de guerra, Carlos Correas. (Introducción: José Fraguas).
 
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  Loser, David González.
  El demonio te coma las orejas, David González.
  Contra los poetas, Witold Gombrowicz.
  Entrevista a Jorge Herralde. Por Andrés Tejada Gómez.
  Las cuarenta en los 40 de Anagrama, Santiago Ríos.
  Catálogo histórico final, Jorge Herralde.
  La censura, Jorge Herralde.
  Tratado del saber vivir para uso de las jóvenes generaciones, Raoul Vaneigem.
  Reflexiones y recuerdos a la deriva sobres los situacionistas, Mario Perniola.
  Contra Debord, Frédéric Schiffter.
 
  Flotar entre helicópteros,
Pablo Klappenbach.
  Cementerio y pogo, Juan Pablo Liefeld.
  Diario de rodaje, Pablo Klappenbach.
 
  El caos. Contra el terror, Pier Paolo Pasolini. (Traducción: Antonio Prometeo Moya).
  Escritos corsarios, Pier Paolo Pasolini. (Traducción: Hugo García Robles).