
Desde mediados de los años sesenta Barcelona se convirtió en la ciudad del boom latinoamericano. El puerto donde buscar la legitimación. Junto al mito de la ciudad literaria. Muchas de sus figuras representativas vivieron en la ciudad Condal. Desde allí, irrumpió un grupo de editoriales independientes -Seix Barral, Tusquets, etc- que promovieron a los nuevos autores. Nombres propios como los de Carlos Barral o Carmen Barcells son sello indiscutible dentro del mundo editorial. Mucha agua - o tinta - ha corrido debajo del puente de la literatura desde aquellos días. Más allá de las discusiones y polémicas, todavía se mantienen en pie algunas editoriales independientes. Sin duda, Anagrama es una de ellas. Con un catálogo inabarcable y prestigioso, tuvimos la oportunidad de entrevistar a su editor, Jorge Herralde. Se habló de los cuarenta años de Anagrama, del oficio de editor y otros secretos literarios. Estas fueron las palabras del último de los mohicanos.
ATG: ¿Cómo y cuándo nace la editorial? ¿Cuál era el proyecto original que tenía la editorial? ¿Y cuáles fueron las principales dificultades que debió afrontar?
JH: Nace por una vocación imperiosa que llevaba almacenando desde hacía años. Y luego, finalmente, en otoño de 1967 decidí ya meterme en ello y los primeros libros salieron, luego de un largo período de preparación, en Abril del '69. Era una editorial muy izquierdista y chocó reiteradamente con la censura. Tuve secuestros, procesos y todo el martirologio previsible.
ATG: ¿Cuándo se interesó por la lectura? ¿Cuándo decidió convertirse en editor?
JH: Supongo que me inicie por la lectura a los tres o cuatro años. Leyendo tebeos y libritos de kioscos, pero toda mi vida he sido muy lector. Y muy tempranamente pensé que lo que más me gustaría es ser editor para compartir mi entusiasmo, descubrir nuevos autores, nuevas corrientes de pensamientos y para, en el momento específico que se llevo a cabo Anagrama, combatir en la medida en que puede hacerlo una editorial, combatir el franquismo.
ATG: ¿Cuáles son sus autores de ficción preferidos pero que no haya editado?
JH: He citado como mil veces a Jorge Luis Borges. Este sería quizá el más significativo. Porque de otros que han sido como ídolos míos, he conseguido editar aunque fueran obras menores. He conseguido editar a Kafka, por ejemplo.
ATG: ¿Qué opinión le merecen los procesos de concentración del mundo editorial en pocas firmas como por ejemplo Planeta, Random House o Santillana?
JH: Tan inevitables, diría yo, como negativas. Es decir, a priori, el pluralismo es preferible a la concentración, por razones obvias.
ATG: Está bien, pero todo esto parece ser una lógica de mercado contra la cual parecería que no se puede luchar...
JH: Eso parecería, pero también muchos imperios se desmoronan o cambian de mano. Por ejemplo, los grandes grupos editoriales de Estados Unidos ya ninguno es de capital yanqui. Tienen capital francés, británico y alemán. Por otra parte, están surgiendo en muchos países pequeñas editoriales muy literarias que precisamente se aprovechan de los huecos que deja la lógica interna de los grandes grupos que es la maximización.
ATG: ¿Se puede mantener una relación justa o acorde entre calidad literaria, reflexión ensayística y las ventas? ¿Cómo se logra unir todo eso? Y por otro lado: ¿qué es la calidad literaria?
JH: La calidad literaria es una cosa difícil de definir pero facilísima de notar. Para abreviar, a veces utilizo el ejemplo del gran Nabokov cuando dijo: "la calidad literaria es cuando sientes un estremecimiento que te recorre la columna vertebral". Nada más objetivo, nada más auténtico.
ATG: Y ese estremecimiento puede ocurrir tanto con Bukowski como con Sebald, pensando en escrituras tan diferentes que edita la casa...
JH: En mi caso me gusta Sebald, me gusta Bukowski, me gusta Tom Wolfe, me gustan autores muy diversos, pero cada uno con un talento notable. Creo ser sensible al talento, en sus muchas ramificaciones.
ATG: En su texto, Por orden alfabético , usted dice lo siguiente: "Hace años hablamos con Calasso de un proyecto posible o imposible: que un grupo de editores escribiera sobre las más notables patologías del ego de los escritores". Sin dar nombres propios, dado que no creo que lo haga: ¿con qué clase de patologías se ha tenido que encontrar en su labor como editor?
JH: Esa conversación con Calasso fue más bien un delirio más o menos alcohólico, de última hora, en la Feria de Frankfurt. Nos reímos mucho...
ATG: Pero el proyecto parece muy interesante, sea posible o imposible.
JH: El problema es que el proyecto se quedó sólo en esa charla y nada más. Pero bueno, todo artista por definición tiene un ego sobredimensionado. Hay algunos que lo llevan con elegancia o más o menos disimulado. Y otros que lo llevan de forma estentórea. En el peor de los casos recuerdo una frase de Marlon Brandon: "Un actor es aquel que si no hablas de él no te escucha". Con algunos escritores, por suerte pocos, tienes que hablar sólo de él.
ATG: ¿Cuántos manuscritos recibe al año? ¿Cuál es el proceso de selección? ¿Y cuáles son los atributos que debe tener un buen editor?
JH: Los contamos un año y fueron más de dos mil. El proceso de selección, ahora que recibimos tantos... Antes los recibía yo solo, pero ahora hay un equipo y una persona de ese equipo -argentina precisamente- que se llama Susana Lijtmaer hace de primera receptora de manuscritos. Hace muchos años que está en Anagrama y hace una criba durísima, porque sabe que las posibilidades son mínimas de incorporar nuevos autores. Ella lee unas páginas y si el manuscrito pasa esta criba, que no es fácil, pasa a un lector que hace un informe completo, luego quizá a otro lector, o quizá se descarta porque lo que parecía prometer luego no resiste en su extensión y, en cualquier caso, finalmente pasa a mí que soy quien da el visto bueno. Soy el que bajo o subo la nota o la mantengo. Y los atributos de un buen editor deben ser curiosidad permanente, gusto por la lectura y la literatura y dedicación total. Y tener las aptitudes necesarias para su vocación. No es suficiente con que a uno le guste mucho.
ATG: Supongo que esta pregunta se la deben haber hecho muchas veces: ¿Qué tipo de política de traducción mantiene la editorial? ¿Se divide por lenguas? Quiero decir, ¿hay un departamento de inglés, francés, italiano, lenguas eslavas? ¿Qué tipo de criterio se tiene? ¿Hay discusiones internas en relación a hacer traducciones para el mundo Ibérico y para el resto del mundo hispano hablante?
JH: Mira, yo leo, aparte de español y catalán, italiano, francés e inglés y ninguna otra lengua. No hay ninguna política deliberada sino estar atento al talento allí donde surja. Yo creo que donde más ha surgido, por ejemplo, en el las últimas décadas, ha sido en la literatura norteamericana y en la británica. Pero también en la española, sobre todo en la década del ochenta y en las diversas literaturas latinoamericanas, en especial en los últimos diez años. Yo creo que las cuatro literaturas más representadas en Anagrama son la española, la latinoamericana, y las anglosajonas. Y luego, también Francia tiene una presencia considerable en el catálogo, aunque por debajo de las mencionadas.
ATG: Sí, pero con mucha fuerza. Porque tengo la impresión que Michel Houellebecq es un autor que ha traído muchas satisfacciones a la casa.
JH: Sí, sí, y Amelie Nothomb, y luego autores más minoritarios pero excepcionales. Quizá los mejores autores franceses contemporáneos, al menos para mi gusto, son Patrick Modiano que después de haber tenido muy mala suerte en España, hemos publicado otros libros suyos. O el ejemplo de Frédéric Beigbeder o Michèle Berstein. Uno de mis favoritos es Jean Echenoz. Hemos publicado nueve libros suyos, estamos por publicar el décimo, con escasas ventas pero con un núcleo de lectores completamente fanatizados, entre ellos yo. Y bueno, algún día confío que dará el salto, como le ha pasado a otros.
ATG: En relación a Bolaño: ¿Por qué considera que ha llegado a ser un referente tan fuerte para la literatura latinoamericana? ¿Y por qué no así Copi, en su momento?
JH: En ambos casos lo explica la experiencia de la lectura. En el caso de Bolaño, siguiendo la experiencia de la lectura, yo cuando leí Estrella distante ya de entrada pensé: "es un escritor excepcional". Y luego lo fue demostrando con sus novelas cortas, sus cuentos, pero sobre todo con sus dos grandes novelas. Yo creo que no hace falta que añada más retórica a la enorme retórica que se ha contado sobre Bolaño. Y Copi es un autor que tiene una mirada muy genial, muy afilada, muy particular, y que para muchos tipos de lectores les pueda resultar como un marciano. Él fue muy amigo mío, y ahora estuve negociando con su familia y vamos a recuperar en dos tomos, en esta nueva colección "Otra vuelta de tuerca", seis o siete de los títulos que habíamos editado.

ATG: ¿Ustedes han traducido toda la obra o parte de la obra? Porque Ciudad de ratas me parece que no está traducida...
JH: Esa es la única que no.
ATG: De hecho, hasta hace poco no estaba traducida al castellano. La revista que hacemos en Argentina, se ha ocupada de traducirla.
JH: Lo he visto, pero debo decir que no es de mis favoritas...
ATG: Está bien, lo que quería plantear es que Copi se ha ido convirtiendo lentamente en una figura central de la literatura en español, autores como Aira lo toman como un referente muy fuerte...
JH: De hecho, Aira escribió un librito sobre él. Ahora vamos a editar los dos tomos de los textos de Copi, ambos con prólogos (uno lo hace María Moreno y para el otro le preguntamos a Aira y le contestó a Marisa Vigliano que es nuestra mujer en Buenos Aires y le dijo que éste era un periodo de su vida en el que estaba metido en otras cosas).
ATG: Ya que hablamos de Aira y nos encontramos en Barcelona, me gustaría saber su opinión sobre la obra de Osvaldo Lamborghini.
JH: Es que sólo he leído una obra y lo cuento en algún sitio. No, perdón, lo cuento en un libro que aparecerá próximamente. Lo dije en una conferencia en Buenos Aires, pero hasta el momento no se recogió en libro. Bueno, en mi primera estancia en Buenos Aires dio la casualidad que estaba allí Eugenio Trías; por entonces era un joven filósofo...
ATG: Sí, estuvo en Buenos Aires y se reunió con los integrantes de la revista Literal , entre ellos German García.
JH: Sí, yo estuve una noche larga, de varias horas, con German García, Osvaldo Lamborghini, Luis Gusmán y Eugenio Trías. Pero lo único que he leído de él es Sebregondi retrocede que me parece muy interesante.
ATG: ¿Alguna vez se ha sentido tentado por escribir relatos de ficción?
JH: No, la verdad es que no. Bueno, de adolescente y primera juventud perpetré algunos cuentos y poemas, pero luego me ha absorbido tanto el trabajo editorial que no he tenido tiempo; por otra parte, el trabajo editorial ha provocado que me pidieran textos en relación a mi labor. Pero son todos libros bajo pedido. Todos los textos o casi todos proceden de conferencias, de textos sobre autores o colegas, o sobre el mundo editorial, que me han pedido de periódicos.
ATG: ¿Cuáles son las condicione necesarias o imprescindibles para ser una editorial independiente y progresista?
JH: Bien, pues que responda a estos dos calificativos.
ATG: ¿Puede un editor mantener una relación económico-laboral y, a su vez, una relación de amistad con los escritores que edita? Porque leyendo sus textos, da la impresión de que usted es amigo de muchos de los escritores editados por la casa.
JH: He tenido la fortuna de tener una muy buena relación con la gran mayoría de autores que he publicado, pero desde que se inició la editorial hasta ahora ha aparecido el mercado con mayúsculas, con lo cual, a veces, como se dice en la película El padrino : "Hay ofertas imposibles de rechazar". Algunos de los autores de la casa han sucumbido humanamente a esas propuestas.
ATG: Usted ha editado a Oscar Masotta, por lo tanto supongo que usted lo ha conocido.
JH: Yo lo conocí en Londres, cuando estaba exiliado en Londres. Lo conocí con su esposa Susana Lijtamer, nuestra actual colaboradora, hablamos de varios proyectos, de traducción sobre todo. Tradujo un texto de Lacan que se llamaba Radiofonía y Televisión . Y había otras posibles traducciones que él me propuso. Pero luego se trasladó a Barcelona y fundó la escuela Lacaniana y ya se dedicó a eso. Por lo cual todos los proyectos de traducciones quedaron aplazados. Yo publiqué un libro suyo, una reunión de ensayos sobre Lacan. Tuve una escasa pero buena relación.
ATG: Le preguntaba porque en Argentina se están reeditando textos de Masotta, como su introducción a la lectura de Jacques Lacan y el texto sobre Roberto Arlt.
JH: Es un mito creciente. Como ahora un poco Copi, hay nuevas ediciones de Copi.
Y de Lamborghini.
ATG: Sí, el año pasado se editó la biografía y un libro de ensayos de su obra. Se editó en dos editoriales pequeñas. Interzona y Mansalva.
JH: Interzona sucumbió.
ATG: La compraron, ¿no?
JH: O cerró. No lo sé. El editor hacía un trabajo bien, bien interesante. Damian Tabarosky.
ATG: ¿O Damian Ríos?
JH: Es que tuvo varios directores...
ATG: Quien comenzó fue Edgardo Russo.
JH: Exacto.
ATG: Primero fue el editor de Adriana Hidalgo
JH: Yo creo que el último editor de Interzona fue Tabarosky. Y ahora hay una editorial muy imaginativa que está surgiendo que es Eterna Cadencia.
ATG: Sí, es la editorial que está reeditando los textos de Masotta. Y también ha editado un texto de Naty Menstrual. Es un texto de crónicas.
JH: A mí la que me encanta es María Moreno. He leído muchas crónicas suyas en aquella revista, La mujer de mi vida. Yo creo que tiene un gran talento, una mirada muy particular, muy suya.
ATG: Sí, sí, ella es realmente muy buena. De las mejores escritoras argentinas. El tema es que la consume mucho la vida periodística y eso le resta tiempo para escribir una obra de largo aliento.
JH: Y al ser unas crónicas muy argentinas, viajan difícilmente a otros países porque se pierden muchas referencias. Pero talento tiene muchísimo. Eso es indiscutible. La crónica es un género muy difícil de llevar de un espacio a otro. Por ejemplo, yo lo observe con Pedro Lemebel. De tres libros suyos que me trajo Roberto Bolaño, al final escogí uno, quitando unos textos y añadiendo otros, porque sino para el lector español muchas referencias no se entendían.
ATG: Ésta última pregunta: sé que estuvo el año pasado en Buenos Aires y que en una entrevista le recomendaron a Fabián Casas. ¿Quería saber si lo ha leído, qué opinión le merece?
JH: No, no lo leí, pero lo conocí en la apertura de una librería que también es editorial, Mansalva. Allí estaba todo el mundo. Casas, Fogwill, Cozarinksy, de quien yo había publicado Vudú urbano . Un libro fantástico.
ATG: Sí, con un prólogo de Susan Sontag y de Cabrera Infante.
JH: Exacto, mejor prólogo no podía tener. Aunque aquí en España no ha tenido tanto éxito. Pero es un muy buen autor. |